
Algo sobre la vida de Sacco y Vanzetti:
Nicola Sacco Italiano de Torre Maggiore, provincia de Foggia, nació el 23 de
abril de 1891. A los 17 años, fundamentalmente la situación de su familia lo
llevó a emigrar. Llegó a la tierra prometida en 1908, año de hambre y
desocupación. A pesar de tener conocimientos de mecánica no encontró trabajo
en este oficio. Los extranjeros no eran considerados para las tareas
especializadas y apenas si conseguían trabajo en fábricas. Trabajó primero
como mozo de agua, consiguiendo luego colocación como zapatero en la fábrica
de calzados de Kelly. Cuando estalla la guerra Sacco se define contra ella.
"Esta guerra no es para empuñar el fusil... se hace en beneficio de los
grandes millonarios" dirá más adelante.
En la lucha anti-bélica organiza mítines y conferencias. Por esa época se
une a la Federación socialista Italiana. Rápidamente es impulsado "por un
ardor y voluntad de acción hacia las agrupaciones libertarias". Participa
activamente en la huelga de Middford, y en todas las luchas por la libertad
de muchos de sus compañeros. Su capacidad de amor y de ternura hacia su
compañera Rosina y hacia sus hijos se vuelca a todos los seres humanos, a su
clase explotada, y lo impulsa al combate.
Detenido cuando organizaba la protesta por el
asesinato de Andrea Salcedo, vive en la cárcel con el convencimiento de que
es el único motivo de su prisión y que se está condenando su militancia
revolucionaria. Supera los momentos difíciles, tiene claro quien es su
enemigo, y se siente orgulloso de su crimen: "Mi crimen, el único crimen,
del que estoy orgulloso, es el de haber soñado una vida mejor, hecha de
fraternidad, de ayuda mutua; de ser, en una palabra, anarquista, y por ese
crimen tengo el orgullo de terminar entre las manos del verdugo". Dirá en
sus momentos finales: "Yo muero dichoso de añadir mi nombre oscuro a la
lista gloriosa de los mártires que han creído en la revolución social y en
la redención humana".
Bartolomeo Vanzetti
Nació en Villafalleto, en el Piamonte, en
1888. Le gustaba el estudio pero sólo pudo hacer la escuela. Empezó a
trabajar a los 13 años de edad, eran 15 horas diarias sin descanso semanal,
sólo tenía un asueto de tres horas dos veces al mes. A los 20 años de edad
decide abandonar Italia. Llega a Norteamérica en 1908. Lo espera un largo
peregrinar en busca de trabajo, muchos días de hambre, sin ni siquiera un
lugar donde descansar. Recibe en su andar el desprecio de los patrones, la
solidaridad de sus iguales. En su oficio de confitero no encuentra plaza
fija. En muchos lugares lo echan a los pocos meses de trabajo. Trabajó de
picapedrero, albañil, foguista, barredor de nieve. Hacía jornadas de 12 y 14
horas en verdaderos tugurios insalubres, recibiendo, por ser extranjero, la
mitad del jornal de un norteamericano, de por sí bajo. Con ansias de leer y
estudiar se quedaba de noche, después del trabajo, dormido sobre los libros.
"Aprendí que la conciencia de clase no era frase inventada por los
propagandistas, sino que representaba una fuerza vital, real, y que aquellos
que comprenden su significado no son ya simples bestias de carga, sino seres
humanos". Sus palabras, como sus escritos y alegatos están llenos de fe en
la clase obrera y en la revolución. Se define como ferviente libertario,
como anarquista, porque siente que "solamente en la libertad podrá surgir el
hombre a su noble y armoniosa integridad". Su convicción clasista y de pelea
lo lleva a participar en huelgas y mítines, a colaborar en la creación de
sindicatos. Es en 1913 que comienza a participar activamente en el
movimiento obrero. En 1916 estalló un gran conflicto en la Plymouth Cordage
Company y allí estuvo Vanzetti en primera línea, dirigiendo la huelga. Salen
victoriosos, conquistan sus reclamos. Después sufre persecución, es incluido
en las listas negras, tiene seguimiento policial durante 18 meses, es el
castigo de la clase dominante. Más difícil le es entonces conseguir trabajo.
Cuando es detenido en mayo de 1920, su ocupación es vender pescado en la
calle. No había abandonado la lucha en ningún instante, estaba en ese
momento organizando la movilización contra el asesinato de Salcedo Su
condición de agitador lo llevó a la cárcel. "Permanezco siete horas en un
lugar lleno de gas, 40 minutos en un patio polvoriento, 16 horas en una
estrecha celda... Tal es mi vida diaria, salvo en los días de fiesta en los
que debo permanecer de 21 a 23 horas en mi jaula". Después de siete años de
prisión, fue asesinado en la silla eléctrica. Hasta el último momento
conservó su actitud firme y digna, todo un símbolo de ejemplo para la clase
obrera en la que tan profundamente creía.
Detención y proceso
El 5 de mayo de 1920 fueron detenidos, por
sospechosos. Los llevaron a la jefatura de Brockton, para averiguaciones,
como dicen ahora. El primer interrogatorio fue claro, la cuestión
ideológico-política era lo central. Los ficharon como activistas. Los tenían
adentro. Se trataba de no dejarlos salir. Impedirles que volvieran a sembrar
inquietudes por fábricas y talleres. No encontraron nada mejor que acusar
entonces a Vanzetti del asalto de Bridgewater Shoes Co. del 24 de diciembre
de 1919, y luego a ambos del atraco a la paga de la fábrica de calzados
Slater and Morrill, de South Baintree, donde son muertas las dos personas
que trasladaban el dinero, poco más de15 mil dólares. Lograban el objetivo,
dos militantes fuera de circulación. Las cosas no encajaban bien, pero a la
burguesía y su justicia ello le importaba poco y nada. Hoy por hoy lo que
está claro es que Sacco y Vanzetti eran gente de pueblo, que vivían para sus
hermanos de clase. Pobres, trabajadores, luchadores. Lo otro que está claro
es que no había prueba alguna, de esas que la justicia del estado de
Massachussets necesitaba para procesar. Pero la decisión estaba tomada. Se
corrieron las disposiciones legales, se forzaron los procedimientos y se
inventaron pruebas. La cosa costó dólares, violencia, despidos. Pero se
armó.
Primero le hicieron a Vanzetti un proceso y
una condena. Ya condenado lo engancharon con Sacco y lo llevaron a la
segunda acusación. La farsa fue descarada. El proceso toda una pieza de
hipocresía y cinismo. El odio de la clase dominante estaba presente. Los
testigos que presentaba la defensa eran desestimados y puestos en ridículo.
Hasta la declaración de un funcionario de la Legación italiana, que
confirmaba la coartada de Sacco fue desestimada, a pesar de existir la
declaración jurada del testimoniante. En 1927 se presentaron diez testigos
ante el juez solicitando ser encarcelados: ellos habían confirmado las
coartadas de Sacco y Vanzetti y no se les había creído, entonces, decían
acusárseles de falso testimonio. La arbitrariedad llegó hasta el absurdo.
Uno de los testigos de la acusación describió al acusado en forma minuciosa
y exacta y resultó finalmente que era corto de vista, su campo visual no
llegaba hasta el escenario de los hechos. Al principio no encontraban quien
atestiguara contra ellos. Entonces emplearon diversos convencimientos, donde
no faltó el significado patriótico de la causa.
Lewis Peter, trabajaba en una fábrica de zapatos, relacionada con la del
atraco. Había sido testigo presencial, pero no logró identificar a los
detenidos. Horas después recuperaba la memoria; lo habían echado de la
fábrica. Reconoció al acusado como asesino y recuperó el empleo. Y como esta
acusación muchas otras. Sirva de ejemplo la de otro de los testigos
fundamentales: Splaine. En una primera instancia no identificó a Sacco,
después de verlo varias veces y de triquinuelas y presiones de la policía,
dice: "la mano izquierda estaba colocada sobre el respaldo del asiento
delantero. Llevaba algo gris que me pareció una camisa y la cara era lisa y
afeitada. Por aquí (indicando) era un poco angosta. La frente era alta. El
cabello estaba peinado para atrás y era, me parece, de dos a dos y media
pulgada de largo y tenía cejas obscuras, pero el aspecto era blanco, el
blanco peculiar que tira a gris. Esta persona había visto a los atracadores
de uno y medio a tres segundos y en circunstancias muy especiales. Lola
Andrews, otra testigo principal dirá en confianza a un conocido: "El
gobierno me citó y quiere que reconozca a esos hombres, y yo no sé nada
acerca de ellos". Después atestiguará terminantemente.
Desfilaron 99 testimoniaron por la defensa, 20 que habían visto a Vanzetti
en su trabajo el día del atraco, y 55 por la acusación. Ganó la acusación.
Para redondear la "cristalinidad" del juicio sólo resta agregar que el
Presidente del jurado era el presidente de la compañía contra la cual
Vanzetti había contribuido a organizar la huelga. Cuando la ley no alcanza,
los burgueses cambian la ley o la reacomodan a su gusto, y si no da para
cambiar la ley cambian los hechos. Llenas de significado aparecen las
palabras del juez Thayer cuando informa del proceso ante los jurados: "Las
leyes garantizan a todos los ciudadanos por igual los mismos derechos y
privilegios e imponen a cada uno y a todos los mismos deberes, obligaciones
y responsabilidades. Para todos los que deseen aceptar las bendiciones del
gobierno y que deseen servir con fidelidad y cariño a aquel mismo gobierno".
Y el fiscal leyó entre las acusaciones el interrogatorio que le hicieran a
Vanzetti en la primera noche de su detención, donde afirmaba: "soy
partidario de cambiar el gobierno, aún por medio de la violencia si fuera
necesario".
"Yo se que el fallo va a ser entre dos clases: la clase oprimida y la clase
rica". Expresó Sacco el día que fue leída su condena a muerte. Y Vanzetti
reafirmó: "No sólo he luchado toda mi vida por desterrar los crímenes, los
crímenes que la ley oficial y la moral oficial condenan, sino también el
crimen que la moral oficial y la ley oficial no condenan y santifican: la
explotación y la opresión del hombre por el hombre. Y si hay alguna razón
por la cual yo estoy en esta sala como reo, si hay alguna razón por la cual
dentro de unos minutos usted va a condenarme, es por esa razón y por ninguna
otra". El 14 de julio de 1921 el jurado los declaró culpables, el 23 de
abril de 1927 el Juez Thayer dictó la sentencia de muerte.
Ayer, como hoy, el juego sucio y
clasista de la prensa

La prensa reaccionaria norteamericana secundó en forma prolija a la justicia
burguesa. Los condenó de inmediato, categóricamente. Preparaban el ánimo del
jurado y el de la población. Nada mejor para ello que anunciar cosas como
esta: que gente enardecida se habían abalanzado sobre Sacco y Vanzetti
pretendiendo lincharlos. La noticia era falsa. Había que hacer creer que
todos los odiaban. Con la barba crecida, las ropas desaliñadas, despeinados,
después de largos interrogatorios, les tomaban las fotos. Algún retoque y ya
estaban listos los rostros asesinos. Al otro día aparecían en la prensa.
Sucias de injusticia, enterraron las
noticias. El caso desapareció de la prensa, reapareció con la noticia del
fallo. Era ahora conveniente echar un manto de olvido. Si primero fue la
conspiración de las falsas noticias diarias, ahora venía la conspiración del
silencio. Y siempre el ocultamiento del carácter político del proceso. Pero,
no pudieron. La movilización, de raíz obrera, rompió el cerco. Los hermanos
de clase fueron los primeros en dar un paso adelante, y así, con la lucha
decidida fueron incorporando a más sectores de la población. En todo el
mundo se formaron Comités por la Defensa de Sacco y Vanzetti. En la sede de
un sindicato, en una sala pública alquilada, en un pequeño escritorio, en
una casa de familia. Centenares de Comités, impulsando la lucha, junto a los
sindicatos, junto a la gente de abajo, junto a las organizaciones populares.
De Argentina a Méjico, de Portugal a Rusia, de Inglaterra a Austria, en el
mismo Estados Unidos. Huelgas, paros parciales, manifestaciones, bombas,
conmovieron al mundo. A lo ancho y largo del mundo se denunciaba el crimen
de clase, el crimen político. Y entonces, ante el vigor solidario de los
pueblos, la prensa reaccionaria no pudo mantener su silencio cómplice. Tiene
que informar, referirse a los diversos recursos que la defensa presentaba
impugnando el fallo, glosar los alegatos, informar de las acciones
solidarias. No podía ocultar lo que ocurría. Pero de todas maneras, hacían
lo imposible por confundir

Patrones, fuerzas represivas, la estructura de dominación toda, se unieron
en los distintos países para enfrentar la movilización obrero-popular. Si no
podían borrar de los corazones ardientes la solidaridad por lo menos
intentarían impedir su manifestación. Fracasaron estrepitosamente. Prohibían
los actos y éstos se realizaban. Acordonaban los edificios norteamericanos y
las bombas estallaban igualmente. Amenazaban con despidos, igual se paraban
las fábricas. Contenían las cosas de un lado y estallaba en otro. La
conciencia obrera había acusado el golpe. Sacco y Vanzetti, trabajadores,
luchadores, simbolizaban la clase obrera. Era una afrenta a todos y había
que decirlo, había que marcarlo. Era imperioso luchar por su vida y por todo
lo que representaban. Eran tiempos en que no había tanto militante sindical
"maduro y realista".
Y el gesto obrero despertó otras conciencias. El caso de Post,
ex-subsecretario del Departamento de Trabajo es un ejemplo. Se incorpora al
Comité el 17 de Agosto de 1927, luego de muchas dudas y finalmente denuncia
que la raíz de la situación se encuentra en las razzias de 1920 contra los
militantes. El profesor de Derecho Penal que revive Howard Fast: "En todo el
transcurso de las vacaciones se sintió desgarrado entre el deseo de irse a
tomarse unas verdaderas vacaciones en las montañas o en la orilla del mar y
un sentimiento de alivio, al poder, después de todo, estar en Boston,
estudiando y observando la fase final del caso Sacco y Vanzetti", y que
finalmente comprende el carácter de clase del proceso, que ellos saben
arreglar los códigos cuando les se necesario, y si no armar pruebas. Que
luego de mucho andar entre carpetas y documentos descubre lo que los
compañeros habían comprendido desde el primer momento, y pone su parte en la
lucha. Abogados, religiosos, intelectuales, se unieron a los trabajadores.
La lucha combativa no aísla. La pelea bien encarada, genera definiciones,
solidaridad. Eso ocurrió. Las movilizaciones del 27 En la fase final del
proceso, especialmente en el mes de agosto de 1927, la movilización se hace
más intensa.
Durante el mes de julio hay paros y
manifestaciones en Argentina. El día 23 estallan dos bombas en Buenos Aires.
Una en el monumento a Washington y la otra en una casa de venta de autos
norteamericanos. El 4 de agosto el gobernador del estado denegó el
pedido de indulto. Los telegramas internacionales anunciaban: "Actos de
protesta contra la condena de Sacco y Vanzetti. Las embajadas y legaciones
estadounidenses fueron informadas del fallo del gobernador para que tomen
precauciones". Los trabajadores hacen sus listas negras. En Berlín son
publicadas en la prensa de izquierda las direcciones de embajadas,
consulados y agregados militar, naval y comercial norteamericano. Hacia los
símbolos del gobierno norteamericano se dirige la protesta popular. En
diversos lugares se decreta el boicot a los productos americanos. El
gobernador de Washington hace un alerta a los extranjeros: los que
participen en mítines contra el gobierno serán deportados. En Chicago hay
orden de tirar sobre el primero que se acerque al Palacio de Justicia.
En la iglesia presbiteriana de Filadelfia estalla una bomba: el día anterior
el pastor emitió un discurso condenando a Sacco y Vanzetti. Policías de
particular detienen a los transeúntes que llevan paquetes en Nueva York.
En Ginebra las películas norteamericanas son recibidas con silbidos,
aullidos, discursos de denuncia. En París prohíben los mítines.
Los hacen en las afueras. En Nueva York estalla una bomba en la casa del
alcalde de Baltimore. En Asunción hay paro general. En
Estocolmo, en Londres, en París, en Rusia, en Montevideo, en Buenos Aires,
en Boston, Rochester, Filadelfia, Scranton, Tampa, Detroit, Baltimore,
Kansascity, Newark, Hay huelgas. En la casa de Lewis Mac Hardy que fue
miembro del jurado, estalla una bomba. En el Parlamento resuelven hacer una
colecta para pagarle los daños.
Múltiples son las actividades en el mes de
Agosto en la Argentina: estudiantiles, obreras, de propaganda. En Bahía
Blanca y Rosario, por ejemplo, la huelga obrera es general. En Rosario los
huelguistas apedrean los tranvías y ómnibus que no pararon, así como las
casas de comercio que están abiertas. Las tropas están acuarteladas. En
Buenos Aires se paralizan las actividades el 9 y el 10. El paro fue total en
los servicios de recolección y limpieza, a pesar de las amenazas de la
Intendencia que resolvió que el que faltara esos días era considerado como
habiendo hecho abandono del trabajo. Pusieron pizarras en todos los
corralones con la amenaza. En Buenos Aires las casas norteamericanas no
osaron abrir sus puertas.
En Uruguay la Federación Obrera Regional (FORU)
y la Unión Sindical (USU) llaman al paro general del día 22 de Agosto y
organizan una gran demostración de protesta. El acto central será en la
Plaza Independencia. Cuatro serán las columnas de manifestantes: la del
Cerro avanzando por Carlos M. Ramírez y Agraciada desembocando en el Palacio
Legislativo, la de Unión y Maroñas que recorrería General Flores y se
encontraría con la del Cerro en el Palacio, otra avanzaría por Av. Italia y
la cuarta partiría directamente de la ciudad vieja a la Plaza Independencia.
En el Palacio se haría una oratoria breve y se partiría por Rondeau hacia
Plaza Libertad para encontrarse con la columna que viene por 18 de Julio.
El apoyo fue general, la concurrencia fue imponente. Una multitud rodeó la
Plaza Independencia y muchas cuadras de 18 de Julio, en las bocacalles la
gente estaba apretujada. Como en aquellos tiempos no se usaban altoparlantes
ni micrófonos tuvieron que levantar varias tribunas. El orador que cerró el
acto, a nombre de la FORU, propuso que el paro se prolongara hasta el
mediodía del 23, al día siguiente nadie concurrió al trabajo.
El Paro del día 9 de Agosto había sido
inmenso. Abarcó también todo el país. La Jefatura de Policía moviliza a la
guardia republicana. El ministro de guerra acuartela a las tropas y hace
venir a la capital al Regimiento 2 de Caballería que estaba en los
Cerrillos. Los tranviarios no están sindicalizados, y como se teme el
contagio destacan una fuerte custodia militar. Los coches circulan con
custodia armada de máuseres en la plataforma. Manini Ríos se queja en la
Cámara porque los ferroviarios de Peñarol (talleres) pararon, y reclama
custodia del ejército para la próxima vez. En Mercedes hay paro y
manifestación. El Comercio mayorista y minorista también para. Es el primer
paro general exitoso de esa ciudad. En Florida, Rocha, Salto, La Paz, San
José hay paralizaciones y mitines. El 10 de agosto habrían de ser
electrocutados. Se posterga la ejecución para dar lugar a otra instancia
judicial. En Montevideo se plantea realizar un nuevo paro. Fue negada la
posibilidad de revisar el proceso. Entonces "El País" del 20 de agosto bajo
el título "¿Otro paro?", dice: "¿No podrán los organismos obreros encontrar
otra forma de protesta por Sacco y Vanzetti o por cualquier otro asunto?...
Todo viene a lo mismo a no trabajar... el paro del 12, ahora el paro del
22... ¿No podrán protestar por ejemplo, trabajando el doble?". La FORU
y la USU llaman al paro. Los sindicatos adhieren: la Sociedad de Resistencia
de Obreros Panaderos, el Sindicato Único del Automóvil, el Sindicato
Puestero y Vendedores Ambulantes, el de Vendedores de Diarios, el Sindicato
de Artes Gráficas. No faltó el anuncio de la Federación comercial del
Automóvil y la Cámara de Comercio del Automóvil (importadores) diciendo que
sus casas estarían abiertas que ya se había hecho otro paro, que son muchos
los perjuicios. Además del paro y mitin en Montevideo hay también paro y
conferencia en Colonia, Trinidad y Paysandú. Una ola de dolor e
indignación recorre el mundo: En Boston se cancelan todos los permisos para
reuniones al aire libre para el domingo 21. Todos los policías son
concentrados. En Nueva York se ponen a la orden a 14.000 policías.
Finalmente, en la madrugada del 23 de agosto, son ejecutados Sacco y
Vanzetti. La democracia americana estaba dispuesta a pagar el precio.
En las primeras horas de la madrugada, al
conocerse la noticia del asesinato, se forma en Buenos Aires una espontánea
manifestación por la Avenida de Mayo. Vuelan las sillas de los cafés, se
apedrean las vidrieras. Los obreros, dice la prensa, llevaban bulones y
tuercas. Los chóferes paran. Las centrales obreras preparan el
riguroso boicot a las empresas norteamericanas. Los ferroviarios se adhieren
y en algunas líneas se propicia la idea de no conducir por las líneas ningún
producto norteamericano. Los portuarios se aprestan para no trabajar en los
buques norteamericanos ni desembarcar mercaderías del mismo origen. Las
organizaciones obreras preparan una lista negra. En Córdoba estalla una
bomba en los talleres de la Ford. En el Departamento de Policía de Buenos
Aires se intenta llevar a cabo una huelga de hambre por Sacco y Vanzetti. En
Rosario, ciudad en lucha por los compañeros asesinados, el Escuadrón de
Seguridad de la Policía, usando sus armas contra un grupo de mujeres y niños
que comentaban la ejecución, hiere a tres niños de bala. En París la Agencia
Norteamericana de Viajes, al conocerse la noticia retiró inmediatamente las
banderas norteamericanas de todos los automóviles que destinaba al
transporte de turistas. Se prohíben las manifestaciones, tanto en las
proximidades de la embajada como en los grandes bulevares. Se realizan
igual. Las vidrieras de los lujosos comercios del Boulevard Sebastopol caen
hechas añicos. Se invaden los cafés de los Campos Elíseos. Son arrasados
diversos lugares que frecuentaban los norteamericanos. Ya el 22 hay
doscientos detenidos en París, la mitad por negarse a circular, y 40 agentes
heridos, 10 de ellos, graves. En Ginebra la enorme multitud derriba
los carteles norteamericanos, ataca los cine que proyectan Films yanquis, y
van contra la sede de las Naciones Unidas. En Londres se reúnen 6.000
obreros en Hydepark. En Johanesburgo queman una bandera americana. En
Sidney, Australia, los jefes de ferrocarril despidieron a 1.000 obreros que
trabajaban en la construcción de ferrocarriles y que pararon por Sacco y
Vanzetti. El ayuntamiento de la ciudad, por el mismo motivo despidió a 800
obreros y empleados de la usina eléctrica.
Una manifestación de más de diez mil personas se congregó en Londres y el
gobierno declaró el estado de sitio. En Rotterdam, en Cherburgo, en el Havre,
represión y protesta.
Fueron años de protesta, de movilizaciones, de acción directa, reclamando
por la vida de estos ejemplares militantes obreros y anarquistas. Corrieron
la misma suerte que aquellos otros obreros y anarquistas de Chicago. La
clase enemiga repetía su frase: "hay que sacarlos del medio, están contra
nuestro sistema". Se ha dicho recientemente que "las movilizaciones por
Sacco y Vanzetti movieron tres veces más personas que la lucha contra la
guerra en Vietnam". Ello da una clara imagen del sentimiento y apoyo que
envolvió toda esta larga pelea contra el cinismo asesino de la clase
burguesa y en defensa de la vida de esos militantes que tanto representaban.
Un día después y el "triunfo" de la burguesía Y "El Día" comenta
entristecido, el 24 de agosto de 1927, "una movilización que nunca un juicio
concitó... Desgraciadamente todas las personas que intervinieron en el
asunto, desde el gobernador Fuller hasta las autoridades judiciales más
elevadas a quienes se recurrió en última instancia confirmaron el primer
fallo condenatorio del juez Thayer... Lo que produjo (esta movilización) fue
una verdadera agonía". Otra es la opinión de Sacco y Vanzetti sobre
esos siete años de pelea: "Nosotros os hemos dicho que a ese grito inmenso y
a ese estallido debemos nuestra vida. Las fieras sintiéronse quemar encima
el pelo y aflojaron el nudo. De otra manera se hubieran apresurado a
entregarnos al verdugo, que en el silencio de un mala noche, nos habría
atado y abrasado sobre la hoguera sin llamas del siglo XX". A los
compañeros, a los amigos y al proletariado, Sacco y Vanzetti.
La burguesía Yanqui los asesinó. Triunfaron
en ese momento, cobraron sus víctimas. Pero, en definitiva perdieron. Como
siempre que se les enfrenta, como siempre que peleando se hace conciencia,
se siembra la rebeldía. Perdieron y perderán ante los más, ante los que
tienen razones y en el combate adquieren la fuerza. Perdieron, esas
gigantescas figuras, esos símbolos universales de los pobres que son Sacco y
Vanzetti por generaciones han estado estimulando las luchas por justicia y
libertad. Y aún hoy tienen mucho que decir. Ellos lo sabían, con modestia y
firmeza ejemplar lo dijeron: "Esta ha sido nuestra carrera y nuestro
triunfo. Jamás en toda nuestra vida hubiéramos podido hacer tanto por la
tolerancia, por la justicia, porque el hombre entienda al hombre, como ahora
lo estamos haciendo por accidente. Nuestras palabras, nuestras vidas,
nuestros dolores. -¡Nada las pérdidas de nuestras vidas. -La vida de un
zapatero y un pobre vendedor de pescado- ¡Todo! Ese momento final es de
nosotros. Esa agonía es nuestro triunfo". B. Vanzetti. Al ser condenado a
muerte.
Las últimas palabras de los mártires de
Boston:
"El afecto y el heroísmo de nuestros
compañeros de todo el mundo, la implacabilidad del enemigo, han hecho que en
lugar de haber sido condenados y muertos en el término de pocos meses, como
habría ocurrido si nos hubieseis abandonado a nosotros mismos, hemos sido
torturados siete años, tres meses y cinco días, antes de ser quemados vivos.
Sin embargo, estoy contento de que haya durado tanto, pues, si no otra cosa,
será una lección para la reacción americana como para quitarle por un tiempo
las ganas de desahogar su bestial sadismo sobre otras víctimas eventuales
que acecha vorazmente. Como anarquista me consuela el saber que si la
burguesía me hubiese dejado vivir todos mis días no habría podido hacer por
la gran revuelta lo que hice involuntariamente a través de mi martirio.
...Nos odian a nosotros y a los nuestros; son amigos de nuestros mortales
enemigos... Todo el poder de la reacción esta contra nosotros. Sí esta es la
última, recibid el extremo adiós. ¡Mantened en alto nuestra bandera! ¡Animo
compañeros! Bartolomé Vanzetti. Muero como he vivido, luchando por la
libertad y por la justicia. ¡Oh, si pudiera comunicar a todos que no tengo
nada que ver con ese horrendo crimen... Mi corazón está lleno, rebosante de
amor por los míos. ¿Como despedirme de vosotros? ¡Oh, mis queridos amigos,
mis bravos defensores, a todos vosotros el afecto de mi pobre corazón, a
todos vosotros mi gratitud de soldado caído por la causa de la libertad!
...Continuad la soberbia lucha, que yo también en lo poco que pude, he
gastado mis energías por la libertad y por la independencia humana. ...¿Que
culpa tengo si he amado demasiado la libertad? ¿Por qué he sido privado de
todas las cosas que hacen deliciosa la vida? Ningún reflejo de la propia
naturaleza, del cielo azul y de los espléndidos crepúsculos en las tétricas
prisiones construidas por los hombres para los hombres. Pero yo no he
llevado mi cruz en vano. No he sufrido inútilmente. Mi sacrificio valdrá a
la humanidad a fin de que los hermanos no continúen matándose; para que los
niños no continúen siendo explotados en las fábricas y privados de aire y
luz. No está lejos el día en que habrá pan para todas las bocas, techo para
todas las cabezas, felicidad para todos los corazones. Tal triunfo será mío
y vuestro, compañeros y amigos. Bartolomé Vanzetti. ¡No hay justicia para
los pobres en América! ...¡Oh, compañeros míos, continuad vuestra gran
batalla! ¡Luchad por la gran causa de la libertad y de la justicia para
todos! ¡Este horror debe terminar! Mi muerte ayudará a la gran causa de la
humanidad. Muero como mueren todos los anarquistas -altivamente, protestando
hasta lo último contra la injusticia.
...Por eso muero y estoy orgulloso de ello!
No palidezco ni me avergüenzo de nada; mi espíritu es todavía fuerte. Voy a
la muerte con una canción en los labios y una esperanza en mi corazón, que
no será destruida... Nicolás Sacco Queridos amigos y compañeros del
Comité de defensa. Mañana, inmediatamente después de la media noche,
deberemos morir en la silla eléctrica. No tenemos ya ninguna esperanza.
...Hemos decidido, por eso, escribir esta carta para expresar nuestro
reconocimiento y admiración por todo lo que habéis hecho en favor de nuestra
defensa en estos siete años, cuatro meses y once días de lucha. El hecho de
que hayamos perdido y que debamos partir, no disminuye para nada nuestra
actitud y nuestra apreciación de vuestra conmovedora solidaridad hacia
nosotros y nuestras familias. Amigos y compañeros: ahora que la tragedia de
este proceso toca a su fin, unamos nuestros corazones, nuestros errores,
nuestras derrotas, nuestra pasión, para las batallas futuras, para la
emancipación final. Unamos nuestros corazones en esta hora, la mas negra de
nuestra tragedia. Armaos de valor, saludad a los amigos y a los compañeros
de todo el mundo. Os abrazamos a todos y os damos el último adiós, con el
alma desgarrada, pero llena de amor. Ahora y siempre un viva a todos
nosotros, un viva a la libertad. Vuestros en la vida y en la muerte Nicolás
Sacco - Bartolomé Vanzetti Andrea Salcedo: Militante anarquista. Sacaba un
periódico revolucionario "Il Domani". Estuvo preso, no pudieron comprobarle
nada y lo dejaron libre. Pero en la primavera de 1920, en una razzia fue
nuevamente detenido y desapareció. En una reunión militante dijo Vanzetti:
"Silencio, que esto es importante y serio". Era una carta de Andrea Salcedo,
se las había ingeniado para hacerla llegar, decía: "Hace seis semanas que
estamos ocultamente encarcelados. Acusaciones graves. Situación
insoportable". Se resolvió organizar mítines en Boston y en ciudades
cercanas. El primero sería el 10 de mayo y Vanzetti sería el orador. Sacco
por su parte debía encargarse de aspectos organizativos. Mientras tanto, por
elección de sus compañeros Vanzetti iría a Nueva York para denunciar el
secuestro de Salcedo y recolectar fondos para pagar abogado. El 3 de mayo
asesinaron a Salcedo. La prensa con total cinismo dijo que se había
suicidado lanzándose desde el piso 14 del Park Building. La policía secreta,
que allí tenía sus oficinas lo había tirado del edificio después de haberlo
torturado. En plena actividad relacionada con este crimen estaban Sacco y
Vanzetti cuando fueron detenidos.
NOTA: Esta crónica es parcial. Los
acontecimientos fueron incluso más amplios y siempre pueden superar este
modesto trabajo colectivo. El artículo es de archivo y no nos pertenece. Fue
publicado en la Revista Impresa: Razones para la lucha de México D.F. en
Agosto de 2003 con motivo del 75 aniversario.
GRUPO
ANARQUISTA IDEAS Y ACCIÓN