Carta
abierta a la compañera Federica Montseny
Querida compañera:
Tenía la intención de dirigirme a
todos vosotros, compañeros ministros, pero ahora con la pluma en mano,
espontáneamente, he resuelto dirigirme a ti sola y no quiero contrariar un
impulso súbito, pues es una buena regla seguir en tal género de asuntos a
los instintos. Que no coincida siempre contigo no te maraville, ni te
irrite, y además tú te has mostrado cordialmente olvidadiza de críticas que
no siempre fueron de tu gusto, y que hubiera sido tan natura como humano,
considerar injustas y excesivas. Es una cualidad, y no pequeña a mis ojos, y
testimonia la naturaleza anarquista de tu espíritu. Esa certitud y
temperamento compensa con eficacia, se entiende para mi amistad, las
discrepancias ideológicas con algunos aspectos de tus artículos de estilo
personalísimo y tus discursos de una elocuencia admirable. No he conseguido
aceptar por ejemplo tu identificación entre el anarquismo bakuninista y el
republicanismo federalista de Francisco Pi y Margall, y no te perdono haber
escrito que "en Rusia no fue Lenin el verdadero constructor de la Rusia,
sino más bien Stalin, espíritu realizador”, etc., etc. He aplaudido 1a
respuesta de Volin publicada en Tierra libre sobre tu inexacta afirmación
sobre el movimiento anarquista ruso. Pero no es de todo esto que quiero hoy
hablarte. Sobre aquéllas, y otras muchas cosas nuestras, espero un día u
otro tener ocasión de discutirlas personalmente contigo. Si me dirijo a ti
en público es por asuntos infinitamente más graves, para reclamarte enormes
responsabilidades de las cuales podría que tú no seas consciente dada tu
modestia.
En discurso del 3 de enero tú
decías:
Los anarquistas
han entrado en el gobierno para impedir que la revolución se desviase y para
continuarla más allá de la guerra, y también para oponerse a toda eventual
tentativa dictatorial, sea cual sea.
Y bien compañera, en abril, después
de tres meses de experiencia colaboracionista, estamos en una situación en
la cual suceden graves hechos y se anuncian otros peores. Allí donde -como
en Vasconia, Levante y Castilla-, el movimiento nuestro es impotente en
fuerzas de base, es decir que no tiene creados sindicatos vastos y una
preponderante adhesión de las masas, la contrarrevolución oprime y amenaza
aplastarlo todo. El gobierno está en Valencia, y de allí es de donde
partieron guardias de asalto destinados a desarmar los núcleos
revolucionarios de defensa. Se recuerda a Casas Viejas, pensando en Vilanesa.
Son de la Guardia Civi1 y de la Guardia de asalto los que conservan las
armas, y es aquí en la retaguardia que deben controlar los "incontrolables”,
que osan desarmar de algunos fusiles y revólveres a los núcleos
revolucionarios. Entre tanto el frente interno no es eliminado. Esto se
produce en una guerra civil en la cual todas las sorpresas son posibles, y
en una región en la cual el frente está bien próximo, es muy irregular en su
trazado y no es matemáticamente seguro. Esto, en tanto que aparece clara la
distribución política de las armas, que tiende a armar sino en la medida de
lo “estrictamente necesario”. Estrictamente necesario, esperamos que se arme
al frente de Aragón, escolta armada de las colectivizaciones agrarias y
contrafuerte de Consejo de Aragón y de Cataluña, la Ucrania ibérica. Tú
estás en un gobierno que ha ofrecido a Francia e Inglaterra ventajas en
Marruecos, mientras desde julio de 1936 sería necesario proclamar
oficialmente la autonomía política marroquí. Lo que piensas, como
anarquista, de este asunto innoble y además estúpido, yo lo imagino, pero
entiendo que ha llegado la hora de hacer saber que tú, y contigo los otros
anarquistas, no concordáis con la naturaleza y el tenor de tales propuestas.
El 24 de octubre de 1936 yo escribía
en Guerra di classe:
La base de
operaciones del ejército fascista es Marruecos. Corresponde intensificar la
propaganda a favor de la autonomía marroquí sobre todo el sector de
influencia pan-islámica. Es necesario imponer al gobierno de Madrid
declaraciones inequívocas de su voluntad de abandonar Marruecos, así como
proteger la autonomía marroquí. Francia ve con preocupación la posibilidad
de repercusiones insurreccionales en el África Septentrional y en Siria e
Inglaterra ve reforzada la agitación autonómica egipcia y de los árabes de
Palestina. Corresponde aprovechar tales preocupaciones, con una política que
amenace desencadenar la revuelta del mundo islámico. Para tal política es
necesario invertir dinero y urge enviar emisarios agitadores y organizadores
a todos los centros de la emigración árabe y en todas las zonas de la
frontera del Marruecos francés. En los frentes de Aragón, del Centro,
Asturias y Andalucía, bastarán algunos marroquíes con funciones de
propagandistas, disponiendo de radio, impresos, etc.
Es evidente que no se puede
garantizar los intereses de los ingleses y franceses en el Marruecos, y al
mismo tiempo hacer obra insurreccional. Valencia continúa la política de
Madrid. Es necesario que esto cambie. Es necesario, para cambiar, decir
clara y fuertemente todo nuestro pensamiento, porque en Valencia actuan
influencias tendentes a pactar con Franco.
Jean Zyromsky escribe en Le Populair
del 3 de marzo:
Estas
maniobras son visibles y tienden a la conclusión de una paz que, en
realidad, significaría no solamente detener la revolución española, sino
incluso anular las conquistas sociales ya realizadas. Ni Largo Caballero ni
Franco, tal sería la fórmula que expresaría sumariamente una concepción que
existe, y yo no estoy seguro de que ella no tenga el beneplácito de ciertos
medios políticos, diplomáticos e incluso gubernamentales en Inglaterra, y
también en Francia.
Estas influencias, estas maniobras,
explican varios puntos oscuros, como por ejemplo: la inactividad de la
marina de guerra leal. La concentración de las fuerzas provenientes del
Marruecos, la piratería del "Canarias” y del “Baleares”; la toma de Málaga,
no son sino las consecuencias. ¡Y la guerra no ha terminado! Si Indalecio
Prieto es incapaz e indolente, ¿por qué tolerarlo? Si Prieto está ligado a
una política que paraliza la marina, ¡por qué no denunciar esa política?
Vosotros ministros anarquistas, dais
discursos elocuentes y escribís brillantes artículos, pero no es con
discursos y artículos como se vence en la guerra y se defiende la
revolución. En aquélla se vence y ésta se defiende permitiendo el paso de la
defensiva a la ofensiva. La estrategia de posiciones no puede eternizarse.
El problema no se resuelve lanzando consignas como: movilización general,
armas al frente, mando único, ejército popular, etc. El problema se resuelve
realizando inmediatamente lo que puede realizarse. Según La Dêpeche de
Toulouse del 17 de enero: "La gran preocupación del Ministerio del Interior
es restablecer la autoridad del Estado sobre la de los grupos y sobre los
incontrolables de todas la tendencias".
Es evidente que, aunque se
comprometieran durante meses a buscar el aniquilamiento de los
"incontrolables", no se puede resolver el problema de eliminar la quinta
columna. La eliminación del frente interno tiene por previa condición una
actividad de investigación y de represión que no puede ser cumplida sino por
revolucionarios experimentados. Una política interna de colaboracionismo
entre las clases y de adulación hacia las clases medias, conduce
inevitablemente a la tolerancia hacia los elementos políticamente equívocos.
La Quinta Columna está constituida, no sólo por elementos pertenecientes a
formaciones fascistas, sino además por todos los descontentos que aspiran a
una república moderada. Son estos últimos elementos los que se aprovechan de
la tolerancia de los cazadores de “incontrolables".
La eliminación del frente interno
tiene por condición previa, una actividad amplia y radical de los comités de
defensa constituidos por la CNT y la UGT.
Nosotros asistimos a la penetración
en los cuadros dirigentes del ejército popular de elementos equívocos, no
garantizados por ninguna organización política o sindical. Los comités y los
delegados políticos de las milicias ejercían un control saludable. Hoy está
debilitado por el predominio de sistemas centralizados de nombramientos y
promociones, que se convierten en estrictamente militares.
Es necesario reforzar la autoridad
de estos comités y de estos delegados. Asistimos al hecho nuevo, y que puede
tener consecuencias desastrosas, que batallones enteros están mandados por
oficiales que no disfrutan de la estima y del afecto de los milicianos. Este
hecho es grave porque la mayoría de los combatientes españoles vale en la
batalla en proporción a la confianza que tienen en su propio comandante. Es
necesario por lo tanto restablecer la elegibilidad directa y el derecho de
destitución desde la base.
Podría continuar sobre ese tema.
Gravísimo error ha sido aceptar
fórmulas autoritarias, no porque fueran tales, sino porque nos llevan a
errores enormes y a fines políticos que nada tienen que ver con las
necesidades de la guerra.
He tenido ocasión de hablar con
altos oficiales italianos, franceses y belgas, y he constatado que ellos
tienen, de la necesidad real de la disciplina, una concepción mucho más
moderna y racional de la que ciertos neo-generales pretenden realista.
Creo que es hora de constituir el
ejército confederal, como el Partido Comunista ha constituido su cuerpo
propio: el Quinto Regimiento de las milicias populares. Creo que es hora de
resolver el problema del mando único, realizando una efectiva unidad del
mando que permita pasar a la ofensiva en el frente aragonés. Creo que ha
llegado la hora de terminar con el escándalo de millares de guardias civiles
y de guardias de asalto, que no van al frente, porque se dedican a controlar
los "incontrolables". Creo que ha llegado la hora de crear una seria
industria de guerra. Y creo que es hora de terminar con ciertas
curiosidades, tan flagrantes como las del reposo dominical y la de ciertos
“derechos obreros” saboteadores de la defensa de la revolución. Es
necesario, ante todo. Mantener elevado el espíritu de los combatientes.
Luigi Bertoni, haciéndose intérprete de los sentimientos expresados por
varios compañeros italianos combatientes en el frente de Huesca, escribía no
hace mucho:
La guerra
de España despojada de toda fe nueva, de toda idea de transformación social,
de toda grandeza revolucionaria, de todo sentido universal, no es más que
una vulgar guerra de independencia nacional, que es necesario afrontar para
evitar el exterminio que la plutocracia mundial se propone. Queda la
terrible cuestión de vida o muerte, pero no es más una guerra de afirmación
de un nuevo régimen o de una nueva humanidad. Se diría que todo no está
todavía perdido, pero en realidad está todo amenazado y comprometido y los
nuestros tienen un lenguaje de renunciadores, el mismo que tenía el
socialismo italiano ante el avance del fascismo: “¡Cuidado con las
provocaciones!”, “¡Calma y serenidad!”, “¡Orden y disciplina!” Todas las
cosas que prácticamente se resumen en: dejar hacer. Y como en Italia el
fascismo terminó por triunfar, en España el antisocialismo, con vestiduras
republicanas, no podrá menos que vencer, a menos que acontecimientos que
escapan a nuestras previsiones se produzcan. Es inútil agregar que nosotros
constatamos, sin entrar a condenar a los nuestros, cuya conducta no sabemos
decir cómo podría tener una alternativa diferente y eficaz, mientras que la
presión italo-alemana crece en el frente y la bolchevización en la
retaguardia.
Yo no tengo la modestia de Luigi
Bertoni. Tengo la presunción de afirmar que los anarquistas españoles
podrían tener una línea política diferente de la que prevalece, y pretendo
aconsejar algunas líneas generales de conducta, atento a las experiencias de
las grandes revoluciones recientes y a lo que leo en la misma prensa
libertaria española.
Creo que tú debes plantearte el
problema de saber dónde defiendes mejor la Revolución, si aportas una mayor
contribución a la lucha contra el fascismo, participando en el gobierno, o
si no serías infinitamente más útil llevando la llama de tu magnífica
palabra entre los combatientes y en la retaguardia.
Ha llegado la hora de clarificar
incluso la significación unitaria que puede tener vuestra participación en
el gobierno. Es necesario hablar con las masas, y llamarlas a juzgar si
tenía razón Marcel Cachin, cuando declara (L'Humanité, 23 de marzo): "Los
responsables anarquistas multiplican sus esfuerzos unitarios y sus llamadas
son escuchadas en forma creciente”; o si tienen razón Pravda e Izvestia,
cuando calumnian a los anarquistas españoles tratándolos de saboteadores de
la unidad. Llamar también a las masas para juzgar la complicidad moral y
política del silencio de la prensa anarquista española sobre los delitos
dictatoriales de Stalin, de las persecuciones contra los anarquistas rusos,
y en los monstruosos procesos contra la oposición leninista y trotskista,
silencio recompensado y con mérito por las difamaciones de Izvestia contra
Solidaridad Obrera de Barcelona.
Llamar a las masas a juzgar si
ciertas maniobras de sabotaje al aprovisionamiento no entran en el plan
anunciado el 17 de diciembre de 1936 en Pravda:
En cuanto a
Cataluña, se ha comenzado la limpieza de elementos trotskistas y
anarcosindicalistas, obra que será llevada con la misma energía con la que
ha sido llevada en la URSS.
Es hora de darse cuenta de si los
anarquistas estamos en el gobierno para hacer de vestales a un fuego, casi
extinguido, o bien si están para servir de gorro frigio a politicastros que
flirtean con el enemigo, o con las fuerzas de la restauración de la
“República de todas las clases”. El problema se plantea con la evidencia de
una crisis que sobrepasa a los actores representativos que hoy ocupan el
escenario.
El dilema: guerra o revolución, no
tiene ya sentido. El único dilema es este: o la victoria sobre Franco
gracias a la guerra revolucionaria, o la derrota.
El problema para ti, y para los
otros compañeros, es el de escoger entre el Versalles de Thiers o el París
de la Comuna, antes de que Thiers y Bismark hagan la unión sagrada.
A ti te toca responder, porque tú
eres “la luz escondida”.
Fraternalmente
Camillo Berneri