El
Durruti valenciano
Juan Antonio Blay
Levante, 13 de enero de 2002.
José Pellicer Gandía,
uno de los anarquistas valencianos fundadores de la Columna de Hierro, tiene
en su hija Coral la salvaguardia de su memoria, reivindicada ahora tras años
de postergación y olvido.
No hay
mayor peligro para denigrar a una persona que, sencillamente, abrir la
boca.» Con esta contundente frase se manifiesta, dolida e indignada, Coral
Pellicer (Valencia, 1937), hija de José Pellicer Gandía, el carismático
impulsor de la Columna de Hierro, una fuerza de choque integrada por
anarquistas valencianos que combatió en el frente de Teruel nada más
iniciarse la Guerra Civil en defensa de la República. Considera que, aún
hoy, perviven versiones distorsionadas «y terriblemente injustas» sobre lo
ocurrido en Valencia y el resto de la Comunidad Valenciana durante la
contienda, «especialmente, respecto a los anarquistas».
Desde
hace unos años, a raíz de la publicación de varios libros y la apertura de
los archivos sobre los juicios militares sumarísimos de la posguerra, se
dedica con fervor a reivindicar la memoria «de aquellos jóvenes que luchaban
por la dignidad de la persona con un gran sentido social. Mírelos -dice
mostrando varias fotografías de integrantes de la fuerza organizada por su
padre-, eran unos chavales con alpargatas y poco más. Lo dieron todo por
creer en una sociedad mejor para todos». Y se le humedecen los ojos.
Rodeada
de montañas de papeles, libros, recortes de prensa, cartas de columnistas
que residen en el extranjero, fotocopias de múltiples documentos, Coral no
para de hablar -su energía y aspecto físico son de una mujer con veinte años
menos- intentando reconstruir minuciosamente lo ocurrido con el anarquismo
valenciano hace 65 años.
José
Pellicer pertenecía a una familia de la alta burguesía valenciana -su abuelo
Vicente Gandía Pla fundó las bodegas Castillo de Liria- y estudió en los
Jesuitas. Entró a trabajar en la empresa familiar donde llevaba la
contabilidad y con 20 años, en 1932, ya militaba en la CNT tras pasar por la
FAI. «Se preocupó de concienciar a los trabajadores en el sindicalismo y
organizó muchas huelgas en la época, incluso en la empresa de su abuelo.
Además, era una persona muy culta. Hablaba francés, inglés, castellano y
valenciano, también esperanto», insiste Coral.
Fue
precisamente en una clase de esperanto donde conoció a Maruja Veloso, «su
compañera y mi madre, que fue una de las primeras mujeres en estudiar
medicina en Valencia», puntualiza Coral al tiempo que muestra la última
carta que le remitió desde la cárcel en la que pide que cuide la educación
de la hija de ambos.
Pellicer
«fue para sus compañeros lo mismo que Durruti para los suyos. Tenía un gran
carisma y uno de los pocos a los que no se les subieron los galones con las
responsabilidades que asumieron, tanto en el comité de guerra de Valencia
como en el que coordinó la Columna de Hierro, que llegó a tener más de
20.000 hombres y mujeres en el frente de Teruel». Y muestra cartas recientes
de compañeros de su padre remitidas desde varias partes del mundo con
verdaderas declaraciones de admiración a su persona.
Precisa
que entre los anarquistas «no había jefes ni líderes» pero su padre fue uno
de los comandantes de esa fuerza cuando se convirtió en la 83 Brigada Mixta
del ejército republicano, en 1937. Fue herido dos veces en el frente, viajó
a París a comprar armas comisionado por sus compañeros y llegó a estar preso
seis meses en la checa comunista de Valmayor debido a las divergencias entre
el PCE y los anarquistas que Coral no oculta pero sobre las que no hace
caballo de batalla. «Eran cosas que ocurrieron», dice.
Su
indignación crece ante la falta de rigor a la hora de analizar sucesos de
aquella época. Especialmente los contenidos en los sumarios militares sobre
los «paseos», patrullas de milicianos a las que se les atribuyen crímenes
indiscriminados en varias comarcas valencianas. «En absoluto se organizaron
por parte de los anarquistas valencianos patrullas para dar los paseos. Es
una falacia y una indignidad», afirma contundentemente.
«Hubo
patrullas de anarquistas, sí, mi padre las organizó, pero para controlar los
desmanes. Se llegó a detener, juzgar y fusilar a saqueadores y asesinos como
el llamado "El Chileno", por ejemplo. Hubo muchos infiltrados,
quintacolumnistas, rencillas personales en muchos pueblos. Tras la guerra
era muy fácil atribuir a los anarquistas todos los desmanes. Y se hizo.»
En ese
contexto atribuye la delación (canalla) contra la joven María Pérez la Cruz,
La Jabalina, fusilada en Paterna en 1942 tras un juicio sumarísimo. «Tras la
guerra fueron fusiladas 41 mujeres en Valencia, de ellas 12 en la ciudad»,
agrega Coral. En los últimos años se ha sumido en archivos civiles y
militares en Segovia, Ávila, Salamanca, Toulouse, Burdeos, entre otros, tras
dejar su actividad como periodista. «No es sólo amor de hija, es la
necesidad de recuperar la memoria histórica», sentencia.
Y
refiere un hecho en el que José Pellicer fue protagonista. La ocasión en la
que «salvó el Santo Cáliz». «Lo descubrió mi padre durante un registro en
casa de Sabina Suey en el fondo de un cajón, pero no dijo nada a sus
compañeros de registro. Y le recomendó que lo trasladara a un lugar más
seguro.» La versión del suceso en el libro Cómo fue salvado el Santo Cáliz
de la Cena, de Elías Olmos Canalda, canónigo de la Catedral de Valencia «es
burda y falaz», añade.
«¡Lo que
es la vida! -añade-, a principios de los 80 mi madre viajó a Teruel en tren
y coincidió con un grupo de mujeres pensionistas. Entre ellas estaba Sabina
Suey y en el trayecto le contó la historia tal y como mi padre se la había
contado a ella la misma noche del suceso y ella me la había transmitido a
mí.»
Coral
también reivindica el suceso de la apertura de la cárcel de San Miguel de
los Reyes, decisión que atribuye a su padre y a otros compañeros suyos,
todos anarquistas. «Fue un acto hermoso porque había mucha gente
injustamente encarcelada. Es lo que se hace en cualquier revolución. Francia
celebra como fiesta nacional la toma de la Bastilla, una cárcel, todo un
acto revolucionario», explica.
José
Pellicer fue sentenciado a muerte y fusilado en Paterna el 8 de junio de
1942 acusado de asesinar a un hermano de un oficial de las tropas de Franco.
«Mi padre jamás disparó fuera del frente de batalla. También fue delatado
anónimamente y torturado en las Torres de Quart.» «Y hubo más», señala al
recordar a su tío Pedro Pellicer y compañeros de su padre como Rafael Martí
"Pancho Villa", Paco Mares, Elías Manzanera, Joaquín Canet..., y una lista
interminable.
«Los
perdedores de la Guerra Civil son los protagonistas de una epopeya, pero no
tuvieron a un Sófocles. Es un error histórico olvidarlos en el contexto de
la historia de España. Y la Columna de Hierro fue una división de combate
formada por voluntarios anarquistas que tuvo que luchar en el frente con
muchas carencias y defenderse de las agresiones en la retaguardia. Por ser
revolucionarios, su memoria ha tenido que sufrir la calumnia, la injuria y
el descrédito. Sólo pido honor o respeto para ellos», concluye Coral con la
mirada firme y limpia.