Las
guerrillas de Teruel, Cuenca y Levante
Tácticas
encontradas en la lucha guerrillera Mirando el mapa de España, es fácil
darse cuenta de la inmejorable posición geográfica-táctica de la misma.
Además de su agreste orografía que la hace adecuada para la lucha
guerrillera, linda con Cataluña, Castellón, Valencia y Cuenca.
Esta
provincia fue, sin lugar a dudas, una de las más guerrilleras de España.
Tanto por la existencia de bases principales en todas sus zonas montañosas
.sin excepción como por la importancia de sus partidas y también por la
duración del enfrentamiento guerrillas-fuerzas del orden. Era asimismo la
provincia cruzada por el mayor número de itinerarios guerrilleros, puesto
que a través de la Sierra de Javalambre y de los Montes Universales, con el
Maestrazgo y las Sierras de la Costera y Ejulve (en la cuenca minera de
Utrillas) como bases de tránsito, las expediciones guerrilleras desembocaban
en zonas de tanta importancia como la levantina, la del centro, la
extremeña, la manchega y la andaluza. Sus tierras vieron celebrarse también
el mayor número de reuniones de jefes de partidas en pleno monte: en el
Maestrazgo, en las montañas de Utrillas, en la Sierra de Javalambre o en los
Montes Universales.
Estas
reuniones eran motivadas ya sea por la necesidad de fijar objetivos
inmediatos (incrementar y seleccionar los secuestros, los golpes económicos
o las medidas punitivas; planear traslados de personal, o modificar las
zonas de actuación, así como decidir el repliegue hacia Francia de
guerrilleros, partidas o restos de partida) o simplemente para proceder a
los cambios de impresiones periódicos.
A estas
reuniones —o entrevistas— algunas veces asistieron jefes de partida de
distintas ideologías. Otras sólo concurrían a ellas gentes más o menos
afines. En todos los casos, la temperatura reinante solía ser tensa. En
particular cuando aparecía por tierras de España algún delegado o enviado
especial del exterior. Esto era lógico, puesto que los hombres de la Sierra
tenían de la lucha una visión mucho más concreta, que quienes veían los
toros desde la barrera. Los de fuera, tratando de coordinar la lucha a
escala nacional, pecaron a menudo de un desaforado centralismo, perdiendo de
vista que el combate guerrillero, en esencia, es contrario a
burocratizaciones de cualquier clase.
Dos
zonas fueron netamente dominadas por guerrilleros libertarios: la del
Maestrazgo y la de la cuenca minera de Utrillas. En esta última hubo incluso
un grupo integrado sobre todo por socialistas de Soria. A veces se registró
la actividad de paradas de una determinada ideología en regiones donde,
antes de la guerra, la presencia de militantes de la misma era prácticamente
inexistente. Se explica esto por la proliferación en el país de unidades
disciplinarias (batallones de trabajo, destacamentos penales, colonias
penitenciarias militarizadas...), o al destino reservado a muchos ex
prisioneros de guerra republicanos en las obras públicas, construcción de
embalses, carreteras, puentes... “alquilados” a veces por las brigadas de
Regiones Devastadas a empresas particulares.
De estas
concentraciones disciplinarias se escapaban y se echaban a! monte los más
jóvenes y más decididos, oriundos de otras regiones. Así, por ejemplo, por
la zona de Utrillas, y en la partida mandada por "el Soriano”, se podían
encontrar no sólo paisanos suyos sino también andaluces y manchegos,
socialistas, a los que se unió algún libertario de aquella región, y al que
se asignaba casi siempre el papel de práctico.
Otro
ejemplo notable es el de los catalanes. Era rara la zona guerrillera donde
no se encontraban uno o varios “el Catalán” o “el Cataluña”. Esto se debía
al gran número de hijos del Principado hechos prisioneros al final de la
guerra civil. Número equivalente, claro está, a su importancia en las filas
del Ejercito Popular Regular republicano. Es preciso puntualizar, asimismo,
que muchas veces se llamó catalanes a personas oriundas de otras regiones,
pero que estaban residenciadas en Cataluña, lo cual aumentaría aún más el
eco catalán por tierras no catalanas.
Líderes y Grupos Guerrilleros AGLA
'“El Rabós” (Fernando Castel Bernuz) y “El Petrol” (José Ramia Ciprés) Los
dos eran de Aguaviva (Teruel).
Al ser ocupado su pueblo por las tropas franquistas, en la primavera de
1938, ambos fueron detenidos y encarcelados en la prisión habilitada del
vecino pueblo de Mas de las Matas. A Aguaviva, valga el recuerdo, lo
llamaban “la pequeña Rusia”, calificación que demuestra hasta qué punto
llegaba la confusión, pues fue siempre un pueblo con neta predominancia de
las ideas libertarias, y el en que, por no tener, no tenían ni un solo
comunista por muestra.
Para
evitar que los matasen en una “saca salvaje” (ejecuciones a bulto en plena
noche), '“El Rabos” y “El Petrol”' se deslizaron una noche por el desagüe
del retrete y se escaparon. De allí arrancó su marginación, que no era
total, por lo menos al principio, ya que prácticamente todo Aguaviva conocía
su paradero. Y en lo que a '“El Rabos”' se refiere, éste dormía muchas veces
en su propia casa. En varias ocasiones la Guardia Civil hizo irrupción en
ella sin dar con él, ya que '“El Rabos”' se había preparado un escondite en
el cendrer (depósito de la ceniza) del ancho hogar de la chimenea de su
casa.
Sus
actividades se centraron, en particular, alrededor de la Sierra Molinera, en
el triángulo Ráfales-Monroyo-La Cerollera. De '“El Petrol”' se ha dicho que
era un hombre sanguinario, lo cual es una afirmación no fundamentada, puesto
que, como ya se señaló, fue ejecutado por sus propios hombres por negarse
varias veces a molestar a familias ricas en cuyas fincas él había sido bien
tratado cuando trabajó en ellas. “Petrol”' fue muerto por sus propios
hombres en las postrimerías de 1944.
'“El
Rabos”' fue detenido el 6 de mayo de 1946, en el Mas de Bayot —término de La
Cerollera—, por culpa de una imprudencia de su mujer, al decir de la gente,
y del celo de un guarda jurado de Aguaviva, apodado “el Ros” (“el Rubio”),
el cual pacientemente le siguió la pista hasta que descubrió el lugar en que
acostumbraba pasar la noche, cuando su mujer se reunía con él, yendo a
denunciarlo a la Guardia Civil.
'“El
Rabos”', atado a un nogal cerca del río Bergantes, en el Barranco de la
Moreneta, fue muerto a palos por los guardias civiles. A los pocos días, la
partida del '“El Rabós”' ejecutaba al guarda jurado como represalia. Tanto
'“El Rabós”' -que poseía tierras y ganado como '“El Petrol”', del Centro
Republicano el primero, y de la C. N. T. el segundo-, eran el prototipo de
los hombres a los que no se les había perdido nada en el monte, pero que se
vieron obligados a abandonar sus casas -y en primer lugar escapar a una
muerte segura en el pueblo de Mas de las Matas- por temor a la venganza que
por su condición de vencidos se cernía a toda hora sobre sus cabezas.
EL GUERRILLERO “PEDRO”
Uno de
los hombres que más destacó en la región Teruel-Levante, y que hizo de la
Sierra de Javalambre su cuartel general durante varios años y de todas las
montañas importantes circundantes otros tantos puntos de apoyo, fue "Pedro»
(Francisco Bas Aguado). Era natural de Orihuela (Alicante) y durante la
guerra civil estuvo incorporado en la aviación republicana.
En
Francia, durante la ocupación alemana (1940-1944) "Pedro" había mandado un
fuerte destacamento de guerrilleros españoles en el Mediodía francés. Aunque
se suele señalar el otoño de 1947 como época de sus primeras incursiones por
tierras españolas, lo cierto es que a “Pedro”, como otros destacados jefes
guerrilleros procedentes de Francia, viajaron clandestinamente a España
mucho antes.
La
mayoría de ellos lo hicieron a fines de 1944 y a comienzos de 1945. Y otros,
incluso, en años anteriores: en 1942 y 1943. Atribuirle, también, poderes
omnímodos, o poco menos, es otra prueba del escaso conocimiento que algunos
“historiadores” poseen de las guerrillas españolas en especial y de la
guerrilla —y de sus coordenadas más elementales— en general.
“Pedro”
no nombró nunca a nadie. Traía en su cartera -era lo usual, tanto aquí como
en Francia-, nombres de guerrilleros que, por su actuación, eran merecedores
de la mayor confianza. Quienes escogían a sus jefes, democráticamente, por
lo regular y en última instancia, eran sus propios hombres. Esto era lo
corriente. Con todo, hubo ocasiones en que la elección salió torcida. Y
aunque podríamos aducir varios ejemplos, sólo citaremos uno —significativo
éste— como botón de muestra: el de la ejecución de “Petrol” (era de
Aguaviva, Teruel) por los hombres de su partida, al negarse éste a realizar
acciones contra familias adineradas que él conocía personalmente.
Con su
actitud, “Petrel” vulneraba unos acuerdos tomados en el seno de su
destacamento —que se supone debían violentar a más de uno, puesto que todos
eran oriundos de aquella zona, por lo cual echaban a suertes la realización
de servicios, digamos,...espinosos -y no las decisiones de un mando superior
determinado. Y esto es lo que, alguna que otra vez, se nos ha querido
presentar como “ajustes de cuentas ordenados por la superioridad”.
Lo
cierto es que, en torno a los maquis se han escrito muchas cosas con cierta
ligereza. Tanto en lo que se refiere a su estructuración orgánica -que nunca
pasó de mero esbozo- como a su funcionamiento. Y esto sólo demuestra,
repetimos, una gran ignorancia sobre las guerrillas de nuestra guerra y de
la posguerra. A menos que, siguiendo tales razonamientos. Lo que se haya
intentado probar es que los hombres que las orientaban y las dirigían
estaban empeñados en hacer funcionar la guerrilla al revés de como ha
actuado siempre por todas partes...; es decir, con cuadros naturales, una
disciplina auto-impuesta y el mayor grado de autonomía posible.
En todo
caso, por el cúmulo de información recogida en España y en el extranjero,
podemos afirmar que las partidas que mayor longevidad alcanzaron, que más
acciones espectaculares realizaron, que mayores riesgos supieron correr y
que mejor clima interior conocieron, fueron aquellas que respetaron esas
reglas elementales de la guerrilla.
Así pasó
con la partida del “Manco de La Pesquera” (Cuenca), la de “el Fortuna”
(Guadalajara), la de “Severo Eubel de la Paz” (Ávila), la de “Cencerro”
(Jaén), la de Manuel Ponte (La Coruña), la del “Yatero” (Granada) o la de
los hermanos Jurado Martín (Málaga), por no citar sino algunas de las
doscientas y pico de partidas mandadas por nativos. Por nativos debe
entenderse aquellos que no salieron de España a raíz de nuestra guerra
civil.
Otro
aspecto de la cuestión que ha desviado, cuando no desnaturalizado, el
correcto entendimiento de la guerrilla española del siglo XX, y en
particular la de nuestra posguerra, es el haber tomado demasiado al pie de
la letra lo que rezaba en la documentación, o en la prensa. Incautada a los
guerrilleros. En España no hubo nunca una Escuela Guerrillera, a la que se
enviasen, por ejemplo, hombres que luchaban o militaban en regiones
distintas a la que servía de sede a la Escuela. En Francia, en tiempos de la
ocupación alemana, la guerrilla española tuvo dos zonas separadas por medio
millar de kilómetros: la de Roullens, en el Aude, al sur del país, y la de
Montaignac, en la Dordoña, en la región Centro. Y, a partir del otoño de
1944, lo que mejor podía asimilarse a una Escuela de Guerrillas fue el
Centro de Instrucción Guerrillera de Montréjeau, organizado y mandado por el
Coronel Vicente López Tovar.
En este
Centro se formaban, o más bien se aclimataban a lo que sería la lucha al sur
de los Pirineos, quienes iban a conducir destacamentos o grupos hacia el
interior de España. López Tovar también dirigía los campos de entrenamiento
diseminados por los Pirineos Centrales (vertiente francesa). Lo demás corría
a cuenta de los instructores militares o políticos de que cada unidad
guerrillera podía disponer. Y lo que suplió en España a los Centros de
Instrucción o a los instructores de unidad o de base fueron los instructores
itinerantes, los cuales tampoco fueron siempre, como se ha afirmado, de
procedencia francesa.
Se
dieron muchos casos, tanto en los medios comunistas como en los libertarios,
de muchachos salidos del interior, a veces como simples huidos —y en algunos
casos como desertores del Ejército franquista—, que regresaron a España como
instructores itinerantes o, por decirlo con la definición usada en los
medios guerrilleros: en plan de “palomas mensajeras
La estructura orgánica de las Agrupaciones Guerrilleras
Ni a
nivel de Agrupación ni a ningún otro nivel -está demostrado colmadamente en
el terreno de los hechos- las estructuraciones proyectadas, o los
nombramientos recaídos a tenor de las mismas, tuvieron en caso alguno una
incidencia notable en la actuación guerrillera. Las cosas siguieron siempre,
o casi siempre, por los derroteros iniciales. Que la A.G.L. (Agrupación
Guerrillera de Levante) se transformara en 1947 en la A.G.L.A.
(Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón) no modificó en lo más mínimo ni
el esquema general de actuación ni los presupuestos particulares.
Sobre el
terreno no existe la menor prueba -o por lo menos nosotros todavía no la
hemos encontrado- de una mayor planificación de las acciones, ni tampoco de
un trasvase de unidades guerrilleras, a partir de una reestructuración sobre
el papel. Si acaso alguna vez, y tan sólo accidentalmente, hubo grupos que
se mudaron a provincias vecinas y formaron equipo con las más afines, para
regresar más tarde a su campo de acción habitual. O cuando por razones muy
específicas los restos de una partida eran absorbidos por otra. Y esto,
también nos consta, se realizaba por lo regular cuando unos y otros ya
habían participado, de consuno, en una o varias acciones.
No
sabemos de un solo caso en que una partida se mudara de zona “por orden
superior” o que, por idéntica decisión, se fundiera con otra.
Ésta es
una de tantas afirmaciones gratuitas e incoherentes que se han puesto en
letra impresa; ya que, de la misma forma que no se pueden imponer jefes o
acciones —si se quiere que un núcleo guerrillero funcione medianamente
bien—, tampoco puede obligarse a una partida o a los restos de ella a
integrarse en otra si antes no se ha evidenciado cierta afinidad, ya sea
ideológica, estratégica o de simple apego al terruño común.
La
reunión de mandos guerrilleros convocada en 1948 bajo la presidencia de
“Pedro” en el Cerro Moreno, de Santa Cruz de Moya (Cuenca), para organizar
“la ofensiva de primavera”, confirma lo que venimos diciendo: que, tanto
para acciones conjuntas (simultáneas o aisladas, en determinada zona, con
vistas a producir un impacto psicológico en la población civil) como para
hacer el balance de las mismas, en la mayor parte de los casos -aun a
sabiendas de los riesgos que tales concentraciones hacían correr a los
mejores elementos de las partidas-, se tenía muy en cuenta el informe o el
criterio personal de cada grupo guerrillero. De ahí la frecuencia de sus
encuentros.
Los
repetidos viajes de “Pedro” a Francia no tenían nada que ver con los cargos
que se le atribuyen. El contacto periódico con el exilio fue siempre —y más
en aquellos años que se presentían decisivos— una condición síne qua non de
supervivencia, tanto en el plano moral como en el material. Hasta los
guerrilleros menos politizados, que no escaseaban, estaban persuadidos de
que “la solución definitiva debía venir de fuera”, si bien también se tenía
por cierto —y por eso estaban en el monte muchos de ellos— que “desde dentro
se podía influir mucho en la marcha de los acontecimientos”.
Que
algunos hicieran lo increíble, como fue mantenerse en la lucha clandestina
durante años y años, demuestra que no subestimaron en momento alguno la
importancia del papel que les había correspondido jugar. En el caso
de”Pedro”, fue, simplemente, la buena prensa que tenía, a un lado y a otro
del Pirineo, lo que hizo de él un guerrillero tan viajero. “Pedro” sería uno
de los últimos jefes guerrilleros que abandonó la región Levante-Bajo
Aragón, en el invierno de 1950-51. Su informe general —que se refería
asimismo a otras regiones— fue muy provechoso para el comando de “Antonio el
Catalán”, en su tournée de recuperación por España, en la primavera de 1951.
El Guerrillero que vino del Frío
Con el
nombre de “Ricardo” (Pelegrín Pérez) actuó también por la región
Levante-Bajo Aragón uno de los mejores jefes españoles de la guerrilla de la
Unión Soviética. Pérez, antes de ingresar en la Escuela Guerrillera del
Ejército Soviético, mandó la 4.a Compañía Especial, afecta a la defensa de
Moscú en el invierno crucial de 1941-42. Su primera expedición guerrillera,
en la retaguardia del ejército invasor alemán, fue aerotransportada y Pérez
formaba parte de un grupo de sabotaje soviético-hispano en Bielorrusia.
Vino a
España en 1946, vía Yugoslavia-Italia-Francia. Era temperamentalmente
hablando, el antiguerrillero ibérico por excelencia, tanto por su gran
sentido de la disciplina como por su obsesión de la eficacia, que él
relacionaba siempre con el mínimo de bajas propias y la menor cantidad de
sacrificios para el pueblo que se pretendía representar y defender.
Por la
información recogida tenemos la impresión de que, pese a su innegable
abnegación y su indiscutible inteligencia, tanto “Ricardo” como otros
compatriotas -e incluso algún francés por medio- debieron padecer lo suyo
tratando de convencer a sus pares de las ventajas que podían derivarse de la
subordinación a las normas establecidas por un mando único, elegido, eso si,
entre los mejores jefes de partida. “Ricardo”, que durante la guerra civil
había sido comisario político del XIV Cuerpo de Guerrilleros, mandado por
Domingo Ungría, otro español, recorrió varias zonas de España antes de
instalarse en la de Levante-Bajo Aragón, por considerar que, por razones de
todo tipo, políticas, sociológicas, geográficas..., era la que podía
resistir más, como así fue.
Además
de los pasillos hacia Francia por tierra, dicha región disponía de un par de
entradas y salidas por vía marítima, por las que, dicho sea de paso, las
expediciones no sufrieron nunca el menor percance. “Ricardo” tenía la
costumbre de desplazarse solo, por lo que nunca se supo en qué
circunstancias sucumbió, en un combate con la Fuerza, a fines de 1949, cerca
de Alcañiz, en cuyo cementerio está enterrado.
“Manso” (Germán Amorrortu Martínez, “Larrañaga”).
Estableció su partida, a mediados de 1946, en la punta meridional de la
Sierra de Gúdar. Fue, con “Pedro”, uno de los mandos guerrilleros que más
veces se trasladó a Francia, gracias a las excelentes relaciones que siempre
mantuvo con guías libertarios catalanes, puesto que antes de incorporarse a
la guerrilla del monte estuvo actuando en la Ciudad Condal, donde, como ya
es sabido, la C. N. T. jugó un papel preponderante en la lucha clandestina.
“Manso”,
quizá por tener un espíritu congregador, se ganó fama de “arregla-pleitos” y
cuando asistía a una reunión de jefes de partidas se caracterizó siempre por
su habilidad en limar asperezas y atenuar discrepancias. En mayo de 1948, al
ser abatido “Antonio” (Antonio Fuertes Vidosa “el Maestro de Agüero”), se
hizo cargo de la coordinación del sector comprendido entre las Sierras de
Gúdar, el Pico Tarayuela (Teruel) y Peña Golosa (Castellón). Se marchó a
Francia en la primavera de 1951.
“Bienvenido”. Este
joven jefe de partida era manchego y empezó su actuación guerrillera por la
zona de Puerto llano (Ciudad Real) a mediados de 1944, después de escaparse
del Destacamento Penal cuyos prisioneros trabajaban en la construcción del
embalse de Montoro.
Después
se marchó a Francia y a principios de 1946 regresó a España con Vitini y
otros destacados guerrilleros procedentes de las Fuerzas Francesas del
Interior (F. F. I.), enviado a los Montes Universales (Cuenca-Teruel) como
enlace regional. Más tarde formó su propia partida y pasó a actuar por el
sur de la provincia de Teruel (Rincón de Ademuz) y por la parte suroeste de
la de Cuenca, donde colaboró con “el Manco de La Pesquera”, particularmente
en golpes económicos. A raíz de uno de ellos, el último para él, cayó
acribillado, el 21 de diciembre de 1946, no lejos de la base guerrillera del
Barranco Chorrilbo, en la divisoria Cuenca-Valencia, por la zona del Puerto
de Contreras.
“Carlos” (Jesús Caella Aymerich “el Catalán”).
Era natural de Solsona (Lérida). Con su primer nombre de guerra (“Carlos”)
actuó por la provincia de Teruel y con el segundo (“Catalán”) por las de
Valencia y Castellón. Con relación a este jefe guerrillero, al igual que ha
ocurrido con otros, ciertos historiadores han navegado a la deriva en muchas
ocasiones, ya que al enterarse de que se les había nombrado jefes de sector
o de zona -o de lo que fuese-, se ha silenciado, parcialmente unas veces y
completamente otras, su actividad, en determinados casos muy notoria, como
jefes de partida.
Como si
se quisiera demostrar que eran una especie de "Capitanes Araña". De ahí
-ésta es una de las razones, entre otras- que hayamos renunciado a
sintonizar, salvo en casos bien precisos e ineludibles, con toda esa jerga
de organismos y de organizaciones y de reestructuraciones, con la espiral de
los cargos y de los ascensos o de las múltiples combinaciones, orgánicas.
Que no tenían otro objeto que el de deslumbrar al enemigo.
“Carlos”, durante un
tiempo, mandó una partida en el Maestrazgo, la "dels Monagrells”. Se hablaba
con mucha frecuencia del “Catalán” como de alguien muy difícil de cazar y
que dio mucha guerra. Su partida anduvo también por tierras de Cuenca (parte
oriental de la provincia), donde colaboró con la del “Manco de la Pesquera”.
Aquí cabe abrir otro paréntesis para subrayar que nos ha llamado la atención
el hecho de que las más afamadas partidas del Bajo Aragón y de Levante
actuaran por tierras conquenses y de la mano del guerrillero pesquerano.
Cabe creer que, pese a su filiación libertaria —y libertario de ambientación
rural, no se olvide—, al “Manco” debían tenerlo en gran estima y una forma
de demostrárselo —hay que reconocer que todas estas consideraciones "el
Manco" se las había ganado a pulso— era invitándole a todas las reuniones de
jefes de partida, incluso a las que tenían más carácter político que
guerrillero, y asistiéndole, con el mejor personal disponible, o solicitando
su colaboración cuando era necesario. Por ejemplo: cuando tuvieron que
organizarse los grupos de protección y preparar los puntos de apoyo de
repliegue para el comando que realizó el golpe de mano contra el
tren-pagaduría Teruel-Zaragoza, en el apeadero de Caudé.
“Delicado” (Juan Ramón Delicado González):
Procedente del maquis español de Francia, llegó a España en el invierno de
1944-45. Fue instructor itinerante durante varios meses, hasta que organizó
su partida. Empezó a actuar por una zona que conocía bien —puesto que era
natural de Teruel y había luchado en la guerra civil por el Bajo Aragón—:
desde la vertiente este de la Sierra de Javalambre hasta la Sierra de
Espadan (Castellón). Más tarde, y con objeto de sensibilizar políticamente
una zona muy conflictiva de antiguo, desde el punto de vista social —el
triángulo Belchite-Alcañiz-Caminreal—, se trasladó hacia la zona norte de la
provincia de Teruel.
El
centró neurálgico se encontraba en la cuenca minera de Utrillas, donde
actuaban, desde la primavera de 1938, varias partidas de neta influencia
libertaria. Estas partidas —sobre todo en lo que se refiere a la ayuda
aportada por sus guías—, si bien nunca se negaron a colaborar con otros
grupos guerrilleros, cualesquiera que fuera su ideología (“con tal de que
lucharan contra el régimen franquista”), eran muy reacias, en cambio, a
dejarse encuadrar en dispositivos de ningún tipo. Eran de la opinión de
colaborar, pero no querían ser confundidos. Porque cada cual en su terreno
sabe mejor que nadie a qué asuntos hay que atender primero y cuales pueden
esperar.
Desde
sus bases de la Sierra de Ejulve y del Maestrazgo, en las postrimerías del
invierno de 1945-46, su campo de acción se vuelve á desplazar hacia el sur.
Tras haber actuado, a mediados de 1946, como coordinador de zona, en
Valencia, en la primavera de 1947 vuelve a mandar una importante partida,
que actuará por la punta sur de la provincia de Teruel (Rincón de Ademuz) y
por las vecinas tierras de Cuenca. La desaparición de “Delicado” es bastante
controvertida: se le da por muerto en una refriega, a fines de 1947... y
huido a Francia en 1948, e incluso trasladado del monte a la ciudad, en
1950, destino bastante corriente cuando se trataba de militantes serios y
consecuentes que, además, poseían una gran capacidad de adaptación a los
rigores de la lucha clandestina en las urbes.
“Paco el Serrano” (Francisco Serrano Iranzo).
Era natural de Castellote (Teruel). A este grupo se le conocía también por
“Partida de la Pastora”. El jefe de esta partida compartió a menudo el mando
del destacamento con su compañera, Teresa Pla Meseguer, pastora de Vallibona,
que era natural de la comarca de Morella (Castellón).
Cuando
"La Pastora" se fue al monte, en 1949 -para escapar a un intento de
violación por parte de unos “señoritos desaprensivos” protegidos por algunos
guardias civiles, Francisco era un fuera de la ley confirmado. Si en el país
tuviésemos que señalar media docena de partidas de auténticos incontrolados,
una de ellas sería la de esta pareja. Su zona de actuación se extendía desde
Valderrobles-Beceite (Teruel) hasta el mar, en la desembocadura del río Ebro,
pasando por la zona de Morella (Castellón). Sus acciones tuvieron mucho eco
en el período 1948-1950, que quedaron interrumpidas por una prolongada
estancia en Andorra, a donde ella regresaría sola en 1956. Se ha dicho que
luego “la Pastora” reorganizó la partida, y que ella pasó a mandarla.
En la
Venta de Borrull -en el cruce de carreteras Gandesa-Valderrobles-Alcañiz- se
cuenta que en la posada de arrieros y caminantes, una noche, cenaron tres
guardias civiles y media docena de guerrilleros, entre ellos “la Pastora”,
que iban caracterizados de titiriteros. Más tarde, se le volvieron a
presentar éstos, pero como guerrilleros esta vez, para pedir al dueño de
posada, la llave de una casita que poseía en un horno de cal en pleno monte.
Teresa Pla Meseguer, "La Pastora"
Parece
ser que aquella casita la utilizaron durante bastante tiempo como depósito
de víveres y refugio, sin que ni él ni su mujer denunciasen nunca el hecho a
las autoridades.
Francisco Serrano murió en un intento de secuestro en el chalet «Nomen», del
término de Reguers (Tarragona), y su compañera fue capturada en el verano de
1960 y condenada a muerte en febrero de 1961. Se benefició de una
conmutación de pena.
Como
ampliación a lo aludido sobre la “Pastora” transcribimos un párrafo del
libro de Secundino Serrano "MAQUIS Historia de la guerrilla antifranquista".
“Con
todas las cautelas propias de una excepción, en la guerrilla levantina se
produjo un caso singular en la persona de Teresa Pla Meseguer, pastora de
Vallibona (Castellón) (difiere el pueblo, no la provincia) que participó
activamente en !a resistencia, practicó un elevado grado de violencia en sus
acciones (fue acusada de 28 crímenes) en compañía de Francisco Serrano
Iranzo , y además consiguió sobrevivir en el monte hasta el final de la
resistencia y luego ”desaparecer" durante varios años. Para las gentes de
los pueblos y también para las fuerzas de represión. Pía Meseguer modificaba
de manera sustantiva las convenciones sobre la mujer y la violencia armada.
Conocida como "Pastora" por su oficio, ella se auto-bautizó "Durruti" y
desde el régimen la llamaron "Teresona". Francisco Aguado Sánchez, con su
habitual beligerancia verbal (lo mismo llama “verrugas” a Azaña que
"grasiento y orondo” a Prieto), escribe que era "una mujer lesbiana de
instintos violentos".
Posteriormente, el mismo autor dice que cuando fue detenida "su
identificación presentó al principio algunas dudas. Vestía de hombre y por
su contextura varonil y el tiempo transcurrido había experimentado un gran
cambio en su fisonomía”. Apresada en la tardía fecha del 5 de marzo de 1960
en Seo de Urgel, finalmente le fue conmutada la pena de muerte a pesar de
una biografía verdaderamente activa y violenta. Conocida también como el
«maquis hermafrodita", posteriormente adoptó una identidad masculina con el
nombre de Florencio”.
“Jalisco”. Los hombres
de esta partida procedían casi todos del maquis francés. Eran, por tanto,
combatientes experimentados de la Resistencia francesa en Francia. Con bases
en la Sierra del Toro-en la cruz de tres provincias, la de Castellón, la de
Valencia y la de Teruel-, la partida merodeó activamente por Albentosa,
Manzanera, Los Cerezos, Torrijas y San Agustín (Teruel); por Barracas,
Jérica, Torás, Begis (Castellón), y por Canales, La Pobleta, Alcofas y
Ahíllas (Valencia), con incursiones en Loriguilla y en Domeño, cuando la
partida bajó hacia el Puerto de Contreras.
Por allí
actuó de concierto con “el Manco de La Pesquera”. En 1947, a “Jalisco” y sus
hombres se les señala por la Sierra de Albarracín y en el verano de 1948 su
zona de actuación es la divisoria Teruel-Rincón de Ademuz. Esta partida será
disuelta en el otoño de 1948, cuando”Jalisco” regresa a Francia con algunos
de sus hombres. El resto se integrará en otras partidas.
Zona de Utrillas. Hubo
dos partidas de extracción libertaria: la de “Durruti” y la de “Espartaco”.
La primera con su base principal en la Sierra de Ejulve, mandada por “el
Andaluz”, un minero de Rió tinto (Huelva). La segunda actuaba desde sus
bases de la Sierra de la Costera y la mandaba “Modesto”, y un minero de
Armillas (Teruel).
Esta
partida era más numerosa que la otra, ya que tenia varios grupos agregados
mandados por "el Soriano" -socialista de Soria- y otro por “el Zagal” un
joven libertario de Escucha (Teruel), que se echó al monte con 18 años
recién cumplidos. Éste tenía a sus dos hermanos mayores exiliados en
Francia.
Otros
dos grupos los mandaban “Macho” (Justiniano García) y “Chaval” (Pedro
Acosta), ambos naturales de Utrillas (Teruel). Los efectivos de ambas
partidas eran bastante fluctuantes debido al gran movimiento de personal en
la cuenca minera procedente de destacamentos penales o de otras unidades
disciplinarias.
Otro
grupo agregado a la partida de “Durruti” fue el de “Antolín”, cuyo jefe era
de Alcañiz. El nombre de este grupo se escogió en honor a Paco Antolín, de
Alcañiz. Que fue delegado político de la Centuria Malatesta durante la
guerra civil y organizador de un reputado grupo de dinamiteros de la Columna
Carod-Ferrer.
Antolín
fue también uno de los creadores —los otros fueron Batista, de Valderrobles,
y Mañero, de Beceite, ambos libertarios también— del Servicio de
Investigación y Enlace de la citada columna. Estas dos partidas -la de
“Durruti” y la de “Espartaco”- actuaron desde mediados de 1944 hasta fines
de 1949 en el sector comprendido entre Albalate del Arzobispo-Alcañiz-Aliaga-Caminreal.
Pero en especial por la zona minera de Utrillas-Escucha-Armillas-Fuentes
Calientes y Palomar de Arroyo.
“Pinchol” (Florencio Guillén).
Era natural de Gúdar (Teruel) y la razón principal de la creación de esta
partida fue la misma que propició y provocó la marcha —o huida desesperada—
al monte de muchos hombres: la inseguridad en sus pueblos natales en la
posguerra, el pacto del hambre a que se les sometía, y no ya tan sólo por
haber defendido a la República, sino también porque algunos eran gente a la
que, derrotada y todo, resultaba difícil hacerles inclinar la cerviz. A los
que antes se llamó “revolucionarios”, “rebeldes”, “indeseables”,
“anarquistas”, después de la guerra todos tendrían un denominador común: el
de “rojos”.
De ahí
los insultos, las humillaciones o de malos tratos —que de todo distribuyeron
los defensores de los caciques y del orden establecido— contra determinadas
familias de Gúdar, entre las que se encontraba la del “Pinchol”.