Los Guerrilleros
Anti-Franquistas
El estertor de la
ametralladora Thompson
La guerra de guerrillas contra el
Franquismo surgió realmente en los días que siguieron al levantamiento del
ejército contra la República Española el 18 de junio de 1936. En las áreas
que cayeron inmediatamente bajo el control del ejército rebelde, una
sangrienta represión obligó a muchos antifascistas a esconderse en los
montes cercanos para salvar sus pellejos. Esto se repitió en todas las
regiones que caían en manos del ejército franquista, una tras otra, hasta
que las últimas tropas republicanas se rindieron en la zona centro-levante
de la península el 31 de Marzo de 1939.
Muy poco se ha escrito sobre la
escala de la lucha armada contra Franco al terminar la Guerra Civil. Y
todavía se conoce poco de esto. Un grueso muro de silencio ha acallado a los
combatientes, por muchas razones. Según un amigo íntimo de Franco el
teniente-general Camilo Alonso Vega - que estuvo al mando de la campaña
contra la guerrilla durante 12 años - el bandidismo (término con el que el
franquismo calificaba a las guerrillas) tenía "gran significancia en España,
interrumpiendo comunicaciones, desmoralizando al pueblo, arruinando nuestra
economía, deshaciendo nuestra unidad y desprestigiándonos ante el mundo
entero".
Días antes de que estas palabras
salieran a la luz el general Franco mandó silenciar los informes sobre la
oposición armada y los esfuerzos que se hacían para combatirla, cuando
declaró que "los sacrificios de la Guardia Civil tras la 2ª Guerra Mundial
quedaron en silencio porque, por razones políticas y de seguridad, era
inapropiado publicar las localidades, combates y muertos de aquellos que
cayeron en el cumplimiento del deber, en un sacrificio heroico y
silencioso".
Este silencio ha continuado hasta
nuestros días. En un programa de Televisión Española (TVE) llamado Guerra de
guerrillas y difundo en 1984, el General Manuel Prieto López cínicamente se
refirió a los luchadores anti-franquistas como bandidos y asesinos. No
debería causar sorpresa - durante el período de la transición política a la
democracia (de noviembre de 1975 a octubre de 1982) todas las fuerzas
políticas, grandes financieros, industriales, el ejército y las autoridades
de la iglesia decidieron que esas referencias al pasado eran inapropiadas y
que el baño de sangre de la era Franco debería ser olvidado. Ese consenso
sigue vigente en 1996, y así los historiadores que desean levantar ese velo
encuentran dificultades insuperables cuando tratan de examinar archivos
estatales, de la Guardia Civil o Policiales.
No tenemos cifras fiables de los
datos globales de las guerrillas o de las bajas recibidas o infligidas a las
Fuerzas Armadas. Sí podemos tener, entonces algún dato de como fue esta
lucha desigual contra la dictadura, nuestra única opción es echarle un
vistazo a las cifras hechas públicas en 1968 - parece un ejemplar único -
según los cuales la Guardia civil tuvo 628 bajas (con 258 muertes) entre
1943 y 1952: unos 5.548 bandidos fueron puestos fuera de juego en 2.000
escaramuzas, muchas de las cuales fueron batallas de gran escala. Las cifras
de esta erradicación son las que siguen: Muertos - 2.166: Capturados o
entregados - 3.382: Arrestados como enlaces, cómplices o instigadores -
19.407. Un silencio avergonzado cubre los anteriores años de entre 1939 y
1942, cuando las unidades del ejército regular, la Legión extranjera y los
Regulares, con apoyo de la artillería intentaron aplastar las guerrillas.
Las cifras anteriormente dadas de las bajas de la Guardia civil a manos de
las guerrillas pueden quedar empequeñecidas. Si comparamos las listas de
Guardias civiles difuntos durante estos años en los que no se informaba de
la causa de muerte con las tasas de mortalidad de los tiempos de paz,
encontramos un excedente de muertes que son (asumiendo que fueran los
resultados de enfermedades o accidentes) inexplicables y llegan a lo que es
incuestionablemente una cifra más cercana a la verdad: unas 1.000 muertes en
servicio activo.
La escalada de la actividad
guerrillera dio comienzo en 1943, cuando la creencia de que el Tercer Reich
tenía la victoria en sus manos comenzaba a desvanecerse, tras la cruenta
derrota de las divisiones de élite alemanas en Stalingrado. Según la marea
de la Segunda Guerra Mundial cambiaba de dirección, las guerrillas
anti-franquistas, como podría esperarse, volvían a tener moral de victoria y
dinamismo, y de 1944 en adelante florecieron en un grado considerable. Su
apogeo fue en 1946-1947. Tras esto, en parte a consecuencia de la política
internacional que buscaba una reconciliación con Franco, comenzó una
decadencia que terminó con la defunción de la actividad guerrillera en 1952.
En Barcelona, Madrid, Valencia y otras ciudades, la actividad de la
guerrilla urbana persistió por una década o más.
Después de 1944, las guerrillas que
operaban dentro de España recibieron refuerzos considerables de sus
compatriotas exiliados que habían tomado una parte activa en la liberación
de Francia. Estos eran hombres bien entrenados y experimentados
acondicionados con armamento moderno y facilidad para usar sustancias
explosivas de gran potencia como el explosivo plástico. La mayor parte de
ellos vino de Francia y un número más pequeño a través del mar desde África
del Norte. Los líderes comunistas con intención de dar carácter político a
la actividad guerrillera llegaron de las Americas por Lisboa y Vigo. Los
comunistas que tomaban por seguro que el grito de guerra de "¡Recuperemos
España!" iba a ser la señal para una insurrección popular contra el régimen
de Franco hicieron grandes promesas sobre la masiva ayuda que iba a venir.
Unos 3.000 guerrilleros organizados
en Francia con el mismo armamento que habían usado en su guerra contra los
nazis, hicieron dos ataques principales a través de los Pirineos en 1944. La
primera incursión fue a Navarra el 3 y 7 de octubre: La segunda vino por
Cataluña, con el objetivo de establecer una cabeza de puente en el Vall
d'Aran e instalar un gobierno Republicano provisional. Se daba por
descontado que, confrontados por tal hecho consumado, los Aliados iban a
entrar en España para tumbar a Franco. Estas incursiones fueron fácilmente
rechazadas - habiendo estado anunciado con antelación el avance - pues el
gobierno español había tomado todas las medidas apropiadas. Aun así, hubo
montones de guerrilleros que rehusaron regresar a sus bases y optaron, en
lugar de eso, por infiltrarse en el interior de la península en pequeños
grupos. Allí dieron apoyo a las guerrillas existentes y crearon nuevas allí
donde ninguna existía.
Las armas que trajeron eran
bastante más efectivas y más adecuadas para la lucha de guerrillas. El arma
más común era la pistola británica Sten, o el M.P 38 alemán. Ambas eran
armas de tiro rápido y munición usada de 9 m/m era el tipo más abundante.
Armas americanas como la pistola Colt llegaron a montones, como hicieron (en
menor número) subfusiles Thompson, un arma más pesada pero altamente
efectiva. Un disparo de la Thompson en el monte sonaba como un disparo de
artillería. Los combatientes que llegaron ya estaban bien entrenados y su
moral estaba forjada por las victorias contra los nazis y la creencia de que
Franco no podría sobrevivir tras la caída de Hitler y Mussolini. Tenían
además una amplia experiencia organizacional tras ellos y unas fuertes
convicciones ideológicas, anarquistas, comunistas y socialistas, cualidades
que transformarían el fenómeno guerrillero dándole coherencia y uniendo las
incontables bandas guerrilleras que operaban en España.
Las regiones principales de
actividad guerrillera fueron aquellas cuyas características geográficas
hacían de la defensa y la supervivencia más probable: por ejemplo las
cadenas montañosas. En Andalucía había numerosas bandas, algunas de ellas de
más de 100 miembros. En Asturias, las guerrillas desplegaron una actividad
tremenda, no estando desconectadas de una conciencia política enraizada: La
revolución de los mineros de Asturias en octubre de 1934 no estaba tan
alejada en el tiempo. En muchas áreas, la actividad de la guerrilla fue
intermitente y aleatoria según estas se movían por un número de razones,
como las intrusiones de las Fuerzas Armadas de contrainsurgencia.
El estilo y la naturaleza de la
lucha de la guerrilla cambiaban dependiendo del terreno y los recursos de
los individuos y grupos involucrados. Las actividades incluían las voladuras
de objetivos estratégicos, atentados (asesinatos políticos), el movimiento
de armas, la protección de individuos y grupos involucrados en actividades
políticas clandestinas; atracos de bancos y falsificación para financiar la
lucha y desestabilizar la economía; Así como acciones más espectaculares:
Las misiones de rescate para liberar a colegas capturados, combates a tiros
con fuerzas fascistas; ¡y un intento para bombardear a Franco desde el aire!
(tres hombres en una avioneta que fallaron por un pelo el lanzamiento de
varias bombas incendiarias y de fragmentación sobre el General y sus
ayudantes durante una regata en 1948).
Un ejemplo que resume la mentalidad
y espíritu del movimiento de la guerrilla de la época lo da un pequeño grupo
de guerrilleros anarquistas, liderados por Francisco (Quico) Sabaté Llopart
veterano combatiente. En su regreso a España tras el fin de la Segunda
Guerra Mundial una de sus primeras misiones fue la "expropiación" de dinero
y artículos de valor en una serie de robos a los grandes hombres de negocios
locales. Tras terminar el "negocio", los "visitados" recibían una una nota
como la siguiente, que se recibió en casa de un rico dueño de unos grandes
almacenes, Manuel Garriga:
" No somos ladrones, somos
resistentes libertarios. Lo que hemos tomado justamente ayudará en una parte
muy pequeña a alimentar a los niños huérfanos y muertos de hambre de los
antifascistas que usted y los de su clase han fusilado. Somos gente que
nunca hemos y nunca mendigaremos lo que es nuestro. Siempre que tengamos
fuerzas para hacerlo pelearemos por la libertad de la clase obrera española.
Por lo que respecta a usted, Garriga, aunque usted es un asesino y un
ladrón, no le pasará nada, porque como libertarios apreciamos el valor de la
vida humana, algo que usted nunca, ni es probable que lo haga, entenderá "
Un pequeño ejemplo de cómo, a
despecho de la pérdida de la guerra, y a pesar de la inclemencia de la
represión fascista, los involucrados en la resistencia todavía eran capaces
de mantener su política, su humanidad, y su respeto por sí mismos.
La oposición armada a Franco ya no
fue un problema serio tras 1949 y, como hemos dicho, se apaciguó alrededor
de 1952. Además de los duros golpes dados por la Guardia civil y el
ejército, la ausencia de un sistema logístico capaz de mantener a los
combatientes equipados, y, por encima de todo lo demás, el hecho de que la
oposición que los partidos políticos de oposición había apostado por la
diplomacia como sustituto de las armas, lo que imposibilitó mantener la
actividad ofensiva de resistencia.
Otro elemento altamente
significativo en el estado de la marcha de la lucha de las guerrillas fue la
llegada a escena en 1947 de fuerzas excelentemente adiestradas que tomaron
la forma de contra-guerrillas, vestidas y armadas al estilo de las
guerrillas y sembrando la confusión y el terror en su propio terreno. Estas
"contraguerrillas" incluso hicieron salvajes asesinatos que se atribuyeron a
las guerrillas auténticas, su objetivo era desprestigiarlas y quitárlas el
apoyo popular. No obstante, la infiltración de la policía en las guerrillas
fue extraordinariamente efectiva e hizo posible desmantelar alguno de los
más importantes grupos.
En Asturias, en 1948, unos 30
guerrilleros socialistas subieron a un barco de pesca francés que había
llegado específicamente llevarlos a St Jean de Luz en Francia. En Levante,
las últimas guerrillas que quedaban en la zona, unas dos docenas de
sobrevivientes, fueron a Francia en 1952. En Andalucía, algunas bandas
sobrevivieron hasta 1952, pero sus líderes - como el anarcosindicalista
Bernabé López Calle (1889-1949) - ya había perecido en las batallas. Unos
cuantos lograron escapar a Gibraltar o a África del Norte, pero, en la
mayoría de los casos, cayeron en combates armados: otros fueron ejecutados
por garrote vil o pelotones de fusilamiento; los que escaparon a este
destino sufrieron penas de prisión de hasta 20 años.
En 1953, los Estados Unidos
firmaron un tratado de asistencia militar y económico con Franco. Dos años
más tarde, la España de Franco fue bienvenida en las Naciones Unidas. Sin
embargo, si bien todo estaba perdido, algunos rehusaron a dejar la lucha: En
Cantabria, los últimos dos guerrilleros, Juan Fernández Ayala (Juanín) y
Francisco Bedoya Gutiérrez (el Bedoya) murieron en abril y en diciembre de
1957 respectivamente. En Cataluña, Ramón Vila Capdevila (Caraquemada), el
último guerrillero anarquista, fue acribillado a balazos por la Guardia
civil en agosto de 1963. Pero el honor de ser el último guerrillero lo tiene
José Castro Veiga (el Piloto) que murió, sin haber dejado nunca las armas,
en la provincia de Lugo (Galicia), en marzo de 1965.
Hay un número de razones para el
fracaso de la campaña guerrillera contra Franco, y aunque la guerra de
guerrillas abierta acabó en los 50's, el movimiento contra Franco continuó,
como lo hizo la actividad política clandestina, hasta el colapso final del
régimen. Lo que habían querido las guerrillas lograr era insurrección
abierta contra Franco. Lo que nos demuestran hoy, a través de su ambición y
su sacrificio, es que con la represión brutal de después de la Guerra civil
la clase obrera no se quedó quieta. La historia plena de la guerra de
guerrillas, como Téllez declara en su artículo, está todavía por escribirse.
Todo lo que podemos hacer hoy es saludar a los hombres y las mujeres de la
resistencia que dieron sus vidas, no sólo en la defensa de su clase, sino
por un futuro donde las estructuras que creó Franco, fueran sepultadas con
él.