PROGRESO
FERNÁNDEZ
Uno de
los fundadores de la Federación
Anarquista Ibérica FAI
Antonio Fernández Bailén, nombre que más tarde cambió por
el de Progreso, nació a finales del pasado siglo. Desde muy joven fue un activo
militante, y tuvo que exiliarse a Francia para eludir el servicio militar. Su
actitud antimilitarista fue permanente a lo largo de toda su vida, incluso en
los momentos más difíciles. Su avidez por la lectura también fue muy temprana.
Siempre pendiente de que salieran los fascículos por entrega, cada semana
Progreso estaba impaciente por conseguir el número correspondiente, que entonces
costaba unos céntimos o unos reales. Bibliófilo, amante de la lectura,
consideraba la sabiduría y el conocimiento como indispensables para la
emancipación humana.
Uno de los fundadores de la FAI, durante una entrevista que le
hicimos a finales de julio del 94, nos manifestó que la primera reunión que se
celebró para su creación no se llevó a cabo (como han escrito numerosos
historiadores, incluidos algunos de nuestros medios, como Gómez Casas) en la
playa valenciana del Cabañal, sino en las afueras de Patraix, barrio de la
capital levantiva, lugar donde había un manicomio. En la casa de la compañera
Aurora López, en un amplio corral, tuvo lugar el encuentro. Acudieron
delegaciones de todos los rincones de la Península, y las que no pudieron
asistir enviaron su adhesión. La segunda reunión se celebró en la aldea del
Saler, a orillas del Mediterráneo. Pocos años después, ya establecida la II
República, una serie de compañeros fueron deportados; Progreso, al Sahara.
Durante la Guerra, habiendo regresado de la deportación, se dedicó a la
enseñanza, una enseñanza anticlasista.
Poco antes de cargar en la furgoneta las veintidós cajas con
los libros, estuvimos conversando con Libertad y Armonía, que nos comentaron
algunas anécdotas de la vida de su padre durante el franquismo. Como teníamos
curiosidad por saber si habían tenido algún problema por el nombre que les
habían puesto, nos comentaron que sí. Cuando Progreso tuvo que solicitar una
partida de nacimiento de Armonía, el funcionario de turno, propio de la época,
se negó a extender el certificado de un nombre que no existía en el santoral.
Los lógicos y buenos razonamientos de una persona culta como Progreso,
anarquista y ateo, no pudieron prosperar ante la sinrazón del funcionario, que
seguía empeñado en extender el dichoso certificado a nombre de Montserrat,
nombre del santoral del día en el que nació Armonía. Aunque aquel día se vino
sin la partida de nacimiento, posteriores intervenciones jurídicas (Progreso era
un hombre obstinado en conseguir lo que deseaba si él lo consideraba justo),
alcanzaron lo razonable: la partida de nacimiento a nombre de Armonía.
Entre los numerosos libros que nos han entregado es difícil de
resaltar alguno, todos son joyas, pero especialmente podríamos citar el que
fuera traducido y prologado por Anselmo Lorenzo, y publicado a principios de
siglo en Valencia por la editorial Sempere, Historia de la ideas morales. Las
grandes épocas hasta el siglo XIX, de Paúl Guille. Es un manifiesto deseo de la
FAL que estén todas las obras escritas y traducidas por el compañero Anselmo
Lorenzo en nuestra biblioteca, y poco a poco lo vamos consiguiendo. Progreso,
además de amar la lectura, amaba tanto los libros que con grandes esfuerzos fue,
a lo largo de toda su vida, encuadernando los libros que no tenían buena
cubierta. Su deseo era que perduraran en el tiempo para que siguieran siendo
semillas de libertad. Cada libro invita a la reflexión para conocer esta
sociedad y para poder caminar hacia un mundo más justo, solidario, sabio y
libre. No puede haber emancipación sin sabiduría. En la Fundación serán de
utilidad para seguir el deseo de Progreso; no producir seres "clonados", como
puede venir haciendo la televisión, sino personas que piensen. La lectura es un
camino de libertad.
Hace unos años, cuando aún contábamos con pocos documentos,
era una gran ilusión para nosotros el ir a recoger las bibliotecas y hemerotecas
que nos ofrecían los compañeros e ir llenando las salas habilitadas para este
fin. Ahora, cuando nos llaman, la ilusión permanece pero surgen más inquietudes,
preocupaciones e inconvenientes, que las propias de los inicios. La Fundación ha
crecido y empezamos a tener problemas de espacio. La conservación del documento,
sobre todo la que está en soporte de papel o celuloide, es muy delicada: la luz,
el calor y la humedad son tan enemigos del papel como el anarquismo del Estado.
La posible salida, que era ampliar y acondicionar adecuadamente otros espacios
en el edificio de Villaverde, que es donde está ubicada la Fundación, se va a
demorar. Una serie de grietas en la estructura nos impiden, con la celeridad y
economía que deseamos, el habilitar un espacio adecuado para la acogida de estos
tan queridos documentos históricos del anarquismo; textos para no olvidar, por
mucho que la historia oficial se empeñe en hacerlo. La otra posibilidad, la de
trasladarnos a un edificio más céntrico y adecuado de la ciudad, tampoco, al
menos de momento, ha prosperado.
Aún con todos estos inconvenientes, el ánimo de los compañeros
es el de seguir adelante y que la Fundación sea el centro que todos deseamos.
Muchas gracias a Armonía y Libertad por haber hecho realidad
la voluntad de su padre. Por nuestra parte sólo queda que el sueño de Progreso
se haga realidad: que estas semillas de libertad sigan germinando en nuevos
lectores.